Novedades:
Cargando...

Fidel Castro en Columbia, detrás Camilo Cienfuegos, 1959 (cubadebate.cu) 

El día en que la Revolución se pudo ir a bolina 

Alexis Jardines Chacón / Cubanet / Julio 5, 2017

“Mi gran preocupación es que en el extranjero, donde esta Revolución es la admiración del mundo entero, no tenga que decirse dentro de tres semanas […] o una semana, que aquí se volvió a derramar sangre cubana para consolidar esta Revolución”. (Fidel Castro, Discurso en el Cuartel Columbia, 8 de Enero de 1959)

MIAMI, Estados Unidos.- Voy a contar un episodio conocido por muy pocas personas en Cuba y, tal vez, fuera de ella. En los primeros días del triunfo de la llamada Revolución, un numeroso grupo de los llamados combatientes del Ejército Rebelde decidió apoderarse de varias mansiones en la zona del Laguito. Estaban convencidos de que si ellos —los que habían hecho la Revolución— habían arriesgado el pellejo y habían salido vencedores de la contienda, pues tenían todo el derecho de participar del reparto del botín.

La felicidad de estos combatientes duró bien poco porque la mayor ave de rapiña, Fidel Castro, dio la orden de desalojarlos (como quedó claro más adelante, él —que se instaló inicialmente en el hotel Habana Hilton— también le había echado el ojo a aquella paradisiaca zona). Al conocer la orden de Fidel los rebeldes, armados hasta los dientes, decidieron resistir a tiro limpio. Llegaron a emplazar ametralladoras en las ventanas de las residencias y, parapetados, se dispusieron a ripostar cualquier intento de desalojo. La tensión fue grande durante varios días y el rifirrafe se solucionó por la intervención mediadora de Celia Sánchez. Los rebeldes —ignoro si todos— fueron reubicados en muy buenas casas por otros repartos (como Altahabana, Nuevo Vedado, Miramar, etc.) que igualmente harían alucinar a aquellos guajiritos venidos de la zona oriental del país. Hasta aquí manejé un testimonio de quien estuviera involucrado en los sucesos. La narración aporta un dato más sobre la tirantez de aquellos primeros días reflejada en el discurso de Fidel Castro del 8 de Enero en el Cuartel Columbia. Recuérdese que fue Camilo el primero en llegar a La Habana y el que tomó la ciudad y plantó el Estado Mayor del Ejército Rebelde, del cual era jefe, en ese mismo cuartel.

Por cierto, hace unos años se corrió un rumor sobre la frase de Fidel Castro en ese discurso dirigida a Camilo. Supongo que el primero en querer adulterarla haya sido el propio Raúl Castro, pues de la nada surgió una extraña interpretación que sustituía el “¿Voy bien, Camilo?” por el “¿Se oye bien, Camilo?”. Solo piensen en esto: ¿Qué demonios iba a escuchar Camilo que no escuchara Fidel si Camilo estaba trepado con él en la misma tribuna (personal) casi encaramado encima del Comandante y delante de los mismos micrófonos? Y digo más: la pregunta fue exactamente “¿Voy bien, Camilo?” y, para que se enteren, Camilo ni siquiera le respondió. En Cuba la gente asume que Camilo contestó con un “Vas bien, Fidel”, pero nunca hubo tal respuesta y puede verificarse en la versión taquigráfica que guarda el régimen de ese discurso.

Cuando Raúl Castro reveló al cabo de medio siglo que la arrestada frase de aquél primer combate en Alegría de Pío, tras el desembarco rebelde, a saber, “Aquí no se rinde nadie, cojones” le pertenecía a Almeida y no a Camilo Cienfuegos, siempre me pregunté: ¿y por qué lo dice precisamente ahora, al cabo de tantos y tantos años? ¿Por qué mantuvo engañado al pueblo? ¿Por qué permitió que ese error se reprodujera en la historia de la Revolución y en los libros de textos de las escuelas primarias? La única respuesta que me puedo dar es: no me lo creo. ¿Cómo habría de hacerlo si semejante sutileza venía justo del hombre que mató al que el Ché Guevara —otro carnicero de la cúpula rebelde, de quien más adelante los hermanos Castro también se deshicieran— caracterizó como “el más brillante de todos los guerrilleros”? ¿No fue acaso Raúl el que le dio el golpe de Estado en vida a Camilo al constituir las FAR y disolver, con la anuencia de Fidel, el Ejército Rebelde?
Ya todo ello se veía venir con la tardía entrada de Fidel a La Habana. El discurso del 8 de Enero en Columbia tenía un doble propósito: enfrentar el pueblo a los propios rebeldes y lograr así la aprobación del pueblo para desarmarlos. En ese nuevo escenario del binomio sagrado Pueblo–Revolución, no cabía ya el Ejército Rebelde. Ni siquiera las FAR, aquél sería en lo adelante el idílico reino de Fidel Castro:
Y por mi parte les digo que como al que quiero mandar es al pueblo, porque es la mejor tropa (recuérdese que el comandante rebelde más admirado por el pueblo habanero no era ni siquiera Fidel, sino, justamente, Camilo Cienfuegos —A. J.) y que prefiero al pueblo que a todas las columnas armadas juntas, les digo que lo primero que haré siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es llamar al pueblo” (Discurso del 8 de Enero de 1959 en el Cuartel Columbia)
Fidel Castro justificó su cacería de armas alegando que una “determinada organización” se había llevado dos días antes un botín del cuartel de San Antonio y se preguntaba “armas, para qué?”. El proceso de recogida de armas a civiles y rebeldes fue largo, pero finalmente el cubano quedó totalmente indefenso ante el poder desmedido del Comandante en Jefe.
(Primera parte de tres artículos)
 



Luis Leonel León / Diario las Américas / Junio 23, 2017
Las diferencias entre las políticas hacia Cuba de Barack Obama y Donald Trump fueron analizadas por Frank Calzón, Carlos Alberto Montaner, Sebastián Arcos Cabazón y Carlos Sánchez Berzaín en un evento moderado por Jaime Suchlicki en ICCAS.
“Hay que aclarar algo esencial que los medios de comunicación han ayudado a desvirtuar: el discurso de Trump en Miami fue sobre sólo sobre las regulaciones de su política, sobre los principios de esa política que ahora mismo se está escribiendo en Washington. Por lo tanto es ilógico criticar una política que aún no sabemos cómo se va a implementar. Lo que sabemos es que el presidente dice que la política hacia Cuba tiene que ser de acuerdo a la Constitución y las leyes. En cambio Obama, como en el caso de Irán, trató de darle la vuelta a las leyes y la Constitución”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS el politólogo Frank Calzón durante la conferencia: La política de Estados Unidos hacia Cuba: Donald Trump y Barack Obama, desarrollada este jueves en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami.
En el evento, moderado por Jaime Suchlicki, director de ICCAS, también expusieron sus análisis Carlos Alberto Montaner, Sebastián Arcos Cabazón y Carlos Sánchez Berzaín, ante un auditorio mayormente formado por cubanos y cubano-americanos que interactuaron con los ponentes expresando sus anhelos y preocupaciones sobre el tema. 
Trump regresa a la sociedad norteamericana 
Calzón, director del Centro por Cuba Libre, con sede en Washington, destacó que el acuerdo entre el gobierno de Obama y el régimen cubano “se hizo en secreto, sin que el Congreso lo supiera, sin que hubiera una discusión sobre el asunto. En cambio Trump regresa a la sociedad norteamericana. Su política se ha discutido en los medios, en grupos de interés, en universidades. Nada de eso sucedió con Obama".
“Algunas personas han criticado que el senador Marco Rubio y el congresista Mario Díaz-Balart han tenido que ver con la política de Trump. ¿Pero cuántas personas han escuchado de Alejandro Castro Espín en las negociaciones de la administración de Obama? El gobierno cubano sabía perfectamente lo que estaba sucediendo, había discutido lo que iba a ser la política de EEUU. ¿Eso no es colusión? Y eso debe investigarse. ¿Cuantas veces hemos oído en los medios que la política de Obama es una nueva política? Obama regresó a una política vieja y desacreditada de los años cuarenta y cincuenta donde los gobernantes norteamericanos se abrazaban a los dictadores y donde los intereses económicos dictaban la política exterior”, recalcó. 
El peor error de una nación es no saber identificar enemigos 
“No soy miembro del Partido Demócrata ni tampoco del Republicano. Hay cosas de Trump que me parecen lamentables y otras que me parecen magníficas, como por ejemplo su política hacia Cuba. Tras once presidentes estadounidenses y casi sesenta años de exilio, es muy natural recibir con cierto escepticismo la solidaridad de los políticos. Y en esencia lo que ha hecho Trump es recuperar la política de contención puesta en marcha desde que el presidente Harry S. Truman proclamó la doctrina que lleva su nombre en 1947. Obama, en cambio, se dejó llevar por la política de acercamiento, que a mi me parece mucho más deficiente”, expresó el escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, quien ha sido crítico de diversas acciones del presidente de EEUU y uno de los más agudos intelectuales en contra del castrismo. Y añadió:
“El mejor argumento de Trump para regresar al engagement es el inmovilismo de la dictadura. Esta política de Trump es positiva para EEUU porque identifica que Cuba es un enemigo perseverante tenaz. El peor error de cualquier nación es no saber y no poder identificar amigos y enemigos. El régimen es aliado y colaborador de Corea del Norte. Fidel Castro, a comienzos de este siglo, dijo que Cuba e Irán podían poner de rodillas a EEUU”.
Montaner insistió en Cuba, “lejos de lo que piensan algunos, no anda en la búsqueda de un modelo político distinto, diseñaron el capitalismo militar de Estado. Es un modelo basado en la asociación entre los militares y los empresarios extranjeros para explotar a los trabajadores cubanos. No quieren cambiar nada, no les interesa el modelo chino. Todas esas son fantasías. Ellos diseñaron su propia manera de hacer las cosas y así las están haciendo desde hace muchos años”. 
Los agentes del cambio en Cuba son los opositores 
Para el experto en temas cubanos en la Universidad Internacional de la Florida, Sebastián Arcos Cazabón, lo más importante de los cambios de la política de Trump es que “hemos regresado a una política guiada por principios fundamentales, democracia y derechos humanos, no simplemente hacer negocios. No estamos en la época en que lo que era conveniente para General Electric era bueno para EEUU. Eso es honorable. Hemos regresado a una confrontación con un régimen que lo único que se merece es este tipo de política, que considera que los verdaderos agentes de cambio dentro de Cuba no son los cuentapropistas ni los funcionarios del régimen, sino los opositores que están en la calle”.
“Esta política le recorta las ganancias al régimen. Y digo recorta porque se quedan afuera muchas cosas. Recorta el turismo frívolo. Los dos años y medio de la política de Obama han demostrado que la teoría del turismo activista es simplemente ridículo. Los turistas no cambian gobiernos. Imagínense a las Kardashian haciendo intercambio pueblo a pueblo de manera significativa como dice esta política”, señaló.
Una de las alertas críticas del analista a las directrices de la política de Trump es que “la distinción entre el aparato militar del régimen y el régimen mismo, que no es necesaria ni correcta. Si le quitamos el pan a GAESA [Grupo de Administración Empresarial, SA, perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR] hay que quitárselo al resto del aparato económico del régimen. La prensa constantemente se refiere a que si GAESA controla el 40 o el 60%. Y GAESA es sólo un brazo del Estado cubano, que es quien controla el 90% de la economía. Y eso hay que ajustarlo en esta nueva política”.
Otro de sus señalamientos a la política de Trump es que “deja cosas de la política de Obama que son negativas. Por ejemplo, el negocio de gerencia de la compañía Starbucks en un hotel de la compañía Gaviota, que pertenece al grupo GAESA, se permite porque ya estaba. Y no me parece buena idea permitir este tipo de negocio que va en contra del espíritu de la ley Helms-Burton. También se quedan los cruceros, que son la antítesis de la política pueblo a pueblo. Todo el que se ha montado en un crucero sabe que quien se baje en un puerto de atraque no tiene tiempo para interactuar. Los cruceros en Cuba atracan en los operativos de GAESA y ese dinero va a parar a sus bolsillos. Lo cual es una contradicción con esta misma política”. 
EEUU está amenazado por las dictaduras dirigidas por Cuba 
Por su parte, el destaco abogado y politólogo boliviano Carlos Sánchez Berzaín analizó los cambios de la política de Trump en el contexto de las Américas.
“Trump no sólo ha cambiado las relaciones bilaterales con Cuba. Es un cambio para la política exterior de EEUU con toda la América Latina. En el periodo especial Cuba era la única dictadura en la región y cuando todos pensaban que caería, Chávez llegó y puso el dinero necesario para oxigenar al régimen a cambio de colaboración metodológica y de todo tipo para aferrarse al poder. Y con la muerte de Chávez, Cuba se convirtió en el país líder de las dictaduras del socialismo del siglo XXI (SSXXI), que son enemigas directas de EEUU”, recordó el político, quien fuera varias veces ministro en su país y se encuentra exiliado en Miami.
“El SSXXI no es más que la expansión del castrismo en las Américas. Una expansión en decadencia pero que aún controla varios países y que controla la OEA [Organización de Estados Americanos] sin participar directamente en la organización, gracias al control del voto de los países del Petrocaribe, al punto de hacer de la OEA la instancia de violación de la democracia en vez de ser la instancia de cumplimiento de la Carta Democrática del 2001. Lo que ha hecho Trump es un cambio que señala la cabeza de las dictaduras de las Américas, dividida en dos, una dictatorial que ahora alienta la guerrilla en Colombia, y otra democrática que defiende la libertad”, aseveró el director ejecutivo del InterAmerican Institute for Democracy, quien advirtió:
“EEUU está amenazado por el sistema dictatorial latinoamericano dirigido por Cuba, en tres materias: narcotráfico, terrorismo de origen islámico y presión descontrolada de la migración. No es una causalidad que todos han expulsado a la DEA. No es una casualidad que Colombia y Bolivia sean señalados como narco-estados. México es sólo el dealer de esos Estados que han hecho de la política una organización de corrupción para amenazar y penetrar en los EEUU con droga, que también financia al terrorismo de origen islámico”.
“La gente emigra no sólo por razones fundamentalmente económicas, emigran por miedo cuando sus vidas está amenazadas. Familias humildes en las Américas emigran para sus hijas no vayan a parar a manos de la guerrilla y para que sus hijos sean reclutados por los narcotraficantes. El cambio de político, que ya veremos cómo se implementa, es un cambio que protege los intereses de EEUU y a los pueblos de las Américas. Trump, en su discurso en Miami, dejó claro que es consciente de que Cuba envía armas a Corea del Norte y apoya la represión en Venezuela violando los derechos humanos. Y dijo ‘Cuba pronto será libre’. Una frase muy importante”, concluyó.





Trump le ha puesto un catéter en la yugular al régimen castrista
Alexis Jardines Chacón / Cubanet / Junio 20, 2017
MIAMI, Estados Unidos.- La reacción anti Trump durante todo el proceso de las elecciones fue instintiva e irracional. Sus detractores —ignorando la enseñanza fundamental de la filosofía Griega Antigua— se enfocaron en los gestos, la apariencia y todo lo superficial y circunstancial, mientras lo verdaderamente importante en política pasaba inadvertido delante de sus narices. Poco a poco muchos de los enemigos del actual presidente fueron cayendo en cuenta que se habían equivocado. El proceso de desencanto con la histeria anti Trump es largo y tortuoso, aún continúa.

Lo que me llamaba la atención de este bando opuesto era precisamente su carencia de argumentos racionales, su tendencia a atacar y contraatacar, siempre como masa, bajo el calor de la euforia y el impulso ciego. Pudiera decirse, entonces, que también pasaron por alto el llamado a la reflexión que nos hizo la obra más conocida del filósofo español Ortega y Gasset en pleno corazón de la modernidad. 

Trump was right, era y es lo que necesita Estados Unidos si quiere conservarse como nación. Era y es lo que necesita el ciudadano americano si no quiere verse marginado en su propia casa por religiones, prácticas y culturas foráneas. En lugar de escuchar a Trump desde una actitud racional ni siquiera se le dio la oportunidad de diálogo y su propuesta fue rechazada sin más. Ergo, incomprendida.

Hoy se está cometiendo el mismo error con su política hacia Cuba. Se supone que mientras más cerca de la posición de Obama esté Trump más solidario deban ser con él sus detractores. Pero la farándula politiquera no piensa. Es capaz de ir contra ella misma con tal de dañar al presidente. Resulta que Trump es criticado ahora —de uno y otro bando, dicho sea de paso— porque apenas modificó la política de Obama hacia Cuba (sin comentarios).

¿Por qué tanto alboroto, tanta reacción sin reflexión? ¿Por qué no tratar de comprender primero y opinar —sobre todo, enjuiciar— después? Muchos de los que hoy intentan cubrir de lodo la jugada de Trump con relación a Cuba ya los veremos arrepentidos. A fin de cuentas, la genuflexión de Obama no produjo resultados, más bien fue contraproducente. Sin embargo, si Trump hubiera levantado de un plumazo todo contacto, real y posible, con Cuba, la reacción de sus detractores hubiera sido notablemente más adversa, militante y hasta violenta.

El presidente, afortunadamente, no les dio esa oportunidad.

Si la progresía liberal “irreverente” (y lo pongo entre comillas porque la masa — siempre dominada por una idea o tendencia— no está asociada a la irreverencia, sino a la sumisión) no quiere tropezar de nuevo con la misma piedra, entonces debe tratar de entender que la posición más sensata para ayudar al cubano de a pie es mantener un canal abierto, una cierta presencia y una vía de comunicación con Cuba, es decir, con el pueblo y sus dictadores. Cerrar la puerta y tirar la llave después de lo que hizo Obama es actuar de manera torpe e irresponsable. La parte buena del trato del expresidente (la cual hasta hoy fue más virtual que real) ha sido salvada. La parte mala (la mayoritaria y única en explotación, productora de dividendos para el régimen) ha sido cancelada, literalmente, de un plumazo.

¿Por qué Trump lo hizo de ese modo que hoy tantos no entienden? Porque es un excelente negociador. Y es de un trato de lo que estamos hablando: ni huimos ni nos congraciamos. Quien cierre las embajadas pierde, porque entre otras cosas pierde la capacidad de actuar in situ, la experiencia directa. Ahora Trump tiene el rábano por las hojas sin anular la posibilidad del diálogo. Es más, convirtiendo esa posibilidad en una necesidad para el régimen de La Habana.

Y el mensaje ha sido más que claro: si quieren negociar —y pueden hacerlo, porque ustedes mismos tendieron los puentes que de otro modo tendrían que destruir— las concesiones las tienen que hacer ustedes. Y con los recortes que le he hecho yo a sus empresas militares y al propio turismo estadounidense les estoy diciendo que lo que me interesa a corto y mediano plazos no es el dinero, sino la democracia y la libertad de todos los cubanos, porque sé que ese es también el verdadero negocio, el good deal que traerá en un futuro nada lejano, amén de seguridad para la región, dividendos y prosperidad para los cubanos de la isla, los norteamericanos y los cubanoamericanos.

Todos incluidos por primera vez en una justa exigencia (que no injerencia) del presidente de la nación que ha sido esperanza para muchos dentro de Cuba y segunda patria para otros tantos fuera de ella. Hoy se ve claro que la distancia que separa al presidente, a la Casa Blanca y a los Estados Unidos de América de los cubanos es más corta que la que separa a estos últimos de la Rinconera (residencia de Raúl Castro). Obama quiso dejar un legado y lo hizo: fue el primer presidente norteamericano activo que se fue a turistear con el gobierno comunista de La Habana, esa gloria es toda suya. Pero de Trump cumplir sus promesas —y ya sabemos que lo hace— será él quien entre en la historia de Cuba aun sin proponérselo.

Así pues, detractores, de ser sensatos hay que dejar hacer al presidente antes de ponerse a convulsionar en los medios. Es sencillo: piensen, reflexionen, valoren las posibilidades que pueden abrirse con esta nueva estrategia política del embudo invertido (como debió ser) y después opinen.

Por ejemplo, la sola prohibición del comercio con las empresas militares —depende cómo se interprete— pudiera extenderse a toda la economía cubana (léase, estatal) atendiendo a que en Cuba no hay nada que de un modo u otro no esté sometido al control militar (y no se olvide que hasta los cuentapropistas son obligados a colaborar con el régimen si quieren conservar sus licencias). Por otra parte, Obama no podía empoderar al cubano de a pie porque las condiciones las ponía la dictadura castrista. Pero con Trump se revierte la ecuación: el único modo para el régimen de obtener algún beneficio es a través del beneficio de los ciudadanos que el propio régimen oprime. Y esto ya indica a un inevitable fin.

Me atrevo a asegurar que pronto se verán en Cuba no solo movimientos eleccionarios, sino cambios masivos de casacas verde olivo por finos vestidos y elegantes trajes. La transmutación del régimen, el timo y la distracción de la opinión pública son previsibles en esta dirección. Se extenderá la práctica de la cobertura y la fachada a todos los sectores, estratégicos o no, de la economía. Pero Trump no es Obama, él sabe que el indicador es el pueblo y no lo que digan los gobiernos en los foros internacionales y la prensa izquierdista.

Si Obama oxigenó a la moribunda dictadura, de Trump se puede decir que le ha puesto un catéter en la yugular al régimen castrista. La diferencia radica en que el presidente guarda la jeringa en su bolsillo y no parece tener apuro, porque la bola estará a partir de ahora en la cancha contraria.