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Alina López Miyares. Foto tomada de Video de Telemundo 51

Juan Juan Almeida / Martí Noticias / Octubre 10, 2017

Una ciudadana estadounidense y su esposo, un ex diplomático cubano, fueron sancionados a largas penas de prisión por un tribunal militar en La Habana bajo acusaciones de espionaje.

Alina López Miyares y su cónyuge, Félix Martín Milanés Fajardo, fueron sancionados a 13 y 17 años de cárcel, respectivamente, en un proceso sumario que transcurrió a puertas cerradas, según reportes obtenidos por Martí Noticias.

El juicio se celebró en la Sala de Justicia del Tribunal Militar, ubicado en Marianao, el pasado 2 de octubre, sin acceso a los familiares de los acusados.

El proceso, aplazado en dos ocasiones, se produjo tres días después de que Estados Unidos decidiera retirar la mayoría del personal diplomático de su embajada en La Habana, en medio de crecientes tensiones bilaterales por el caso de los ataques acústicos contra 22 miembros de su legación.

López Milanés fue detenida el pasado enero en el aeropuerto de La Habana cuando se disponía a viajar a Miami. En diciembre de 2016 había sido detenido su esposo, Milanés Fajardo, un diplomático cubano retirado, quien laboró en la Misión Permanente de Cuba ante la Organización de Naciones Unidas, en Nueva York. Se conocieron en Nueva York y están casados desde hace más de 10 años.

Ambos estaban siendo investigados por el Departamento 1 de la Contrainteligencia cubana bajo sospechas de proporcionar información de carácter secreto, cuya utilización podría causar perjuicio a la seguridad de Estado, según una fuente relacionada con el caso.

López Miyares nació en La Habana en 1959 y abandonó Cuba cuando tenía 8 años. Se educó en Estados Unidos, obtuvo tres doctorados y es maestra de profesión. Recientemente se había repatriado a Cuba.

El juicio, que responde a la Causa número 1 del 2017, transcurrió entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde. Los reos llegaron a la magistratura castrense en autos separados, esposados y custodiados por oficiales con uniforme verde olivo. La defensa estuvo a cargo del abogado penalista Abel Alejandro Solá López.

La madre de López Miyares, quien reside en Miami, pudo ver a su hija a la entrada a la sala, pero no pudo participar en el juicio, dijo una fuente consultada por Martí Noticias.

Por el delito consumado de espionaje, la parte fiscal pidió 30 años de privación de libertad e igual término de abstención de derechos.

"Durante el proceso de instrucción se presionó a los reos para adecuar sus declaraciones e influir en la decisión fiscal", dijo la fuente.

El tribunal determinó la sentencia de 13 años para López Miyares y 17 para Milanés Fajardo. La resolución final quedará firme el próximo 24 de octubre y seguramente las partes acordarán apelar la condena.
 

 
Roberto Jesús Quiñones Haces / CubaNet / Octubre 10, 2017 

El régimen ha ejecutado una aberrante traición a los nobles ideales de los padres fundadores de nuestra independencia   

GUANTÁNAMO, Cuba.- El proyecto ideológico dirigido a manipular la historia patria abarca acontecimientos, figuras imprescindibles y su ideario. Se trata de sembrar en todas las generaciones de cubanos los contenidos impuestos por el régimen.

Uno de los momentos significativos de dicho proyecto fue el discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz el 10 de octubre de 1968, cuando se conmemoró el centenario del comienzo de las luchas por nuestra independencia. El país ya estaba bajo el control absoluto del partido comunista. La prensa libre había sido eliminada, también los colegios privados; habían sido fusilados, encarcelados o condenados al ostracismo los opositores, los medios de difusión masiva estaban a disposición del castrismo y este exportaba sin contemplaciones su modelo autoritario a todos los continentes.

Fue en ese escenario cuando Silvio Rodríguez estrenó su canción dedicada a Ignacio Agramonte y Loynaz, uno de los más altos paradigmas del pensamiento liberal y democrático cubano. Paradójicamente, momentos después el líder histórico del castrismo afirmó que la revolución cubana era una sola, la iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en 1868, continuada por José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo en 1895 y culminada el primero de enero de 1959. Luego lanzó su controvertida frase: “Entonces, nosotros hubiéramos sido como ellos; ellos, hoy, habrían sido como nosotros”.

¿A quién sirve tal manipulación histórica?

Una frase tan falaz, de gran carga especulativa, como si el orador hubiera sido un adivino con el don de una ubicuidad privilegiada hasta con el conocimiento de la posición que adoptarían nuestros próceres ante un sistema totalitario como el instaurado en Cuba, es tomada también una y otra vez como fundamento para hacer una supuesta defensa de la soberanía del pueblo cubano frente a lo que el régimen califica como pretensiones hegemónicas e injerencistas del gobierno norteamericano. Porque cuando se refieren a la supuesta defensa de la soberanía del pueblo cubano los miembros de la nomenclatura castrista y sus testaferros apelan a la falacia de que las ideas de Lenin y Carlos Marx fueron adoptadas de forma natural por los cubanos y que nuestros más ilustres próceres, de haber estado vivos hoy, serían comunistas. Por tanto, el régimen defiende una posición que, presuntamente según él, surgió con nuestras luchas independentistas.

Así, cada vez que el gobierno de los EE.UU. reclama a la dictadura cubana que cumpla con todos los derechos humanos y restablezca la democracia, esta responde que se trata de un asunto de soberanía nacional. Pero el pueblo cubano no fue quien decidió si se imponía el socialismo o no, más bien fue engañado cuando haciendo uso de la sicología de las masas Fidel Castro proclamó el carácter socialista-estalinista de su revolución en 1961, ante unos miles de milicianos que jamás fueron los representantes de todo el pueblo, y traicionando lo que él mismo había afirmado en La Historia me absolverá, el Pacto de México y el Pacto de la Sierra.

La soberanía reside en el pueblo, no en un grupito de privilegiados que, agrupados en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba y la Asamblea Nacional del Poder Popular, representan sólo el 0.00022% de la población adulta del país. Estas personas, sin haber sido elegidas por el pueblo, ocupan altos cargos en la estructura estatal y partidista y son quienes deciden sobre todos los asuntos medulares del país. Son ellos quienes han secuestrado para sí la soberanía nacional. El único ejercicio democrático que realiza el pueblo es, supuestamente, elegir al delegado del poder popular de su circunscripción y luego acudir a las plañideras reuniones de rendición de cuentas donde lleva 41 años clamando por mejorar la calidad del pan, del transporte y de nuestra precaria subsistencia. Tan escuálido ejercicio de soberanía es una burla porque no decide nada en la comunidad ni en el país.

Quien haya leído el Acta de El Rosario, acuerdo del levantamiento liderado por Carlos Manuel de Céspedes, sabe que la lucha armada para lograr nuestra independencia tenía puestas sus miras en una república multipartidista, reconocedora de la teoría de Montesquieu sobre la organización del Estado, garante de los derechos de libertad de reunión, asociación, prensa, expresión y conciencia, donde ningún hombre fuera discriminado por su sexo, procedencia social, color de la piel u opinión política. Tal principio fue una constante en todas las constituciones mambisas y en la historia republicana hasta 1959.

Nuestro Héroe Nacional José Martí, profundo conocedor de la realidad latinoamericana, era un ardiente defensor de esos principios republicanos, los cuales pensaba incorporar a su soñada república “con todos y para el bien de todos”. Escribió muy poco acerca de cómo pensaba organizar esa república, pero sí hay constancia de que para él la soberanía radicaba en el pueblo y la concebía como un permanente ejercicio del sufragio universal, mediante el cual este pudiera oponerse a cualquier forma autoritaria o sectaria del poder. Por eso afirmó en su célebre ensayo conocido como Nuestra América: “Si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere”.

La intolerancia y el unipartidismo no fueron posiciones aceptadas por los protagonistas de nuestras luchas por la independencia. Cuando el castrismo asume la defensa de nuestra soberanía, equiparándola con la del autoritarismo, ejecuta una de las más alevosas manipulaciones de nuestra historia y una aberrante traición a los nobles ideales de los padres fundadores de nuestra independencia.

Hoy remueven de su lugar la tumba del Padre de la Patria y la de Mariana Grajales para colocarlas cerca de la de Fidel Castro, otro acto que responde fielmente a la manipulación comentada.


Darsi Ferrer (procubalibre.org)

CubaNet / Octubre 06, 2017 
Su cuerpo fue encontrado en West Palm Beach, Florida 

MIAMI, Estados Unidos.- El opositor cubano Darsi Ferret fue encontrado sin vida este viernes en un canal de televisión donde trabajaba en West Palm Beach, Florida.

Informa el canal AméricaTeVe que se desconocen las circunstancias en que fue hallado el cuerpo, así como otros detalles relacionados con el hecho.

Ferret, de 47 años, residía en EE.UU. hacía cinco. Médico de profesión, se dedicó a criticar duramente al régimen cubano.

Fuentes cercanas a la familia confirmaron a la web Martí Noticias que habían sido avisados por la policía sobre el hallazgo del cadáver de Ferret.

Un allegado del doctor, que pidió el anonimato, dijo que este padecía de hipertensión, una afección que vendría aquejándolo fuertemente en las últimas semanas.

En tanto, la policía entregará el cuerpo del galeno pasados unos diez días, cuando concluyan las investigaciones oficiales.

Ferret Ramírez se graduó de la especialidad de Medicina General Integral en Cuba. Se le reconoce, entre otras razones, por sus protestas públicas contra el régimen cubano en los años 2000, así como por su labor al frente del Centro de Salud y Derechos Humanos “Dr. Juan Bruno Zayas”.

 


 


Antonio Sánchez García / El Blog de Montaner / Octubre 08, 2017

Son cincuenta años. Más del doble de los veinte que, para el más célebre de sus compatriotas, Carlitos Gardel, no son nada. Medio siglo. De acuerdo al calendario gregoriano. Y la historia, esa puta vieja y en América Latina pintarrojeada y más que roñosa, ha querido que los militares que les fusilaron, sin tener la más mínima idea de quiénes eran él y el otro boliviano que lo acompañara en el trance, se encuentren bajo el dominio de los servicios secretos del Estado cubano. Por obra y gracia de un teniente coronel venezolano que pagó la cuenta. Tan poderosos en la Bolivia del cocalero Evo Morales, como en la Venezuela de Nicolás Maduro. Y en las billeteras y cuentas bancarias de todas las izquierdas paulistas del hemisferio. Incluidas las españolas y catalanas, oportuno es decirlo.

Su muerte no sirvió de nada. Salvo liberar de un estorbo a Fidel Castro y guiñarle un ojo de complicidad a la Unión Soviética, de cuyas riquezas, obtenidas con el sudor de las frentes del Archipiélago Gulag, dependía la vida de la ociosa y proxeneta tiranía cubana, cuyo jefe y caudillo máximo, que tenía las tersas y aterciopeladas manos de Adolf Hitler, tan admiradas por Heidegger, sin haberle trabajado un día a nadie, se veía obligado a apostar del cerco de sus dientes afuera, por la coexistencia pacífica, no por la guerra de guerrillas, única vía en la que creía el marxista argentino más antimarxista de la historia del marxismo. Asesinado muy a su pesar por un sargento de apellido Terán que debe haberse muerto sin haber oído jamás el nombre de Karl Marx. No se diga los de Hegel o Trotsky, Lenin o Pablo Neruda. Allí vinieron a dar las utopías del Occidente judeocristiano: en una inmunda lavandería de una aldea perdida de la selva boliviana. ¡Lo hubiera sabido el más grande de los discípulos del más grande filósofo de todos los tiempos: Georg Wilhelm Friedrich Hegel!

Lo del Nobel de literatura chileno viene a cuento, pues Neruda, estalinista impenitente aunque agriamente anticastrista, era el poeta preferido de Ernesto Guevara, el médico sin atributos que como Fidel, su compañero de andadas, jamás ejerció oficio conocido. Y se hizo famoso, luego de vagabundear en motocicleta por América Latina en plan Easy Rider avant la lettre, por apostar su estropeada vida de asmático y neurótico somatizado al servicio del segundo manipulador más portentoso de la historia moderna, Fidel Castro. El primero fue Hitler. Que no tuvo la fortuna de mandar sobre una isla de fantasía, un ejército de mentirijillas, un dictador que se negó a combatir con sus treinta mil hombres a un gánster aventurero con trescientos apoyado por la Casa Blanca ni de enfrentarse a John F. Kennedy sino de mandar sobre el país más culto del mundo y ser combativo por F.D. Roosevelt. Que si frente a la revolución del Central Park cubano se hubiera encontrado un hombre y no un play boy multimillonario, amante de Marilyn Monroe, el muerto hubiera sido Fidel Castro.

Castro y el Che Guevara pertenecen a la tragicomedia del Siglo XX. No a la tragedia de Auschwitz y Treblinka, del Holocausto y el Gulag, de los Juicios de Moscú, del asesinato en masa de la familia real rusa, de las hambrunas y los cien millones de cadáveres, del millón de muertos de la Guerra Civil española, sino a las farsas en tecnicolor de lo real maravilloso, de la Cuba puta ancestral, de la América Latina, caudillesca y dictatorial, bolivariana, bananera y socialista. Un continente que ha hecho guerras de independencia y revoluciones, tiranías y dictaduras para mejor podrirse. Jamás para regenerarse. Ya lo diría Carlos Rangel: “la historia de América Latina es la historia de un fracaso”. Y Mario Vargas Llosa: “Un continente de esperanzas frustradas”. Un universo mal criado. Parido por un aristócrata que arrastró a su Patria por los mataderos y abismos de la disociación, la anarquía y el degüelle, para arrepentirse luego de convertirla en un amasijo de autocracias y miseria.

Karl Marx, aunque converso y emancipado, un judío alemán profundamente imbricado con la tradición profética de su estirpe, esperaba que la revolución fuera un pas de deux digno de La Guerra de las Galaxias o 2001. En esta carrera vertiginosa hacia el progreso abierto con el Renacimiento, las fuerzas productivas alcanzarían con la revolución industrial inglesa un desarrollo tan prodigioso que de su seno saldría la mariposa redentora que serviría la mesa colmada de frutos y bienes técnicos y tecnológicos al hombre que emergiera de Cromagnon – industrialización, maquinismo, producción robótica, automatización electrónica, computación, redes digitales y todo lo que al homo faber, convertido en homo ludens, se le pudiera ocurrir.

Convino en lo de la violencia como partera de la historia, que la revolución francesa acababa de aplastar a la generación de sus padres. Pero ello porque, al igual que con la especie, el futuro no se cae del vientre de la madre tierra por mera fuerza de gravedad. Debe ser arrancado por las revoluciones, parteras de la historia.

Pero de allí a imaginarse que la revolución podría convertirse en la piedra de un Sísifo bohemio, maloliente, agriado, rudimentario y resentido, mal genio y mezquino, asesino y delirante como Ernesto Guevara, que creía que para hacerla realidad bastaba con disfrazarse de vendedor viajero, hundirse en los intrincados matorrales bolivianos acompañado de doce cubanos zarrapastrosos para tratar de entenderse con unos campesinos mucho más cercanos a Manco Cápac y a Atahualpa que a Federico Engels, media el abismo de un continente supersticioso, irracionalista, siempre insatisfecho y delirante. En donde sus mejores hombres viven arando en el mar.

Sólo el resabio de pensamiento mítico e irracionalidad a flor de piel que lastran sus conciencias, explican que una farsa como la del Che Guevara se convirtiera en uno de los mitos movilizadores de la generación de los Beatles y la guitarra eléctrica, el viaje a la luna y la popularización de Internet y las computadoras Apple. En la pura realidad de los hechos, descarnados de la febril imaginación y la potencia mediático manipuladora de Fidel Castro, la aventura del Che Guevara hubiera figurado en un rincón de las páginas de sucesos de un periódico de mala muerte en una sociedad culta y racional. Más asesinatos y desastres causaron las huestes de Vladimir Padrino y Nicolás Maduro. Sin que hasta ahora a nadie se le haya ocurrido hacerles un filme de alto presupuesto. Ni existan franelas con sus retratos.

Lo cierto es que Fidel se sacó de encima al argentino fastidioso despachándolo al último rincón del continente. Lo dejó entregado a su mala suerte. Mientras él, que ni era un bohemio, ni amaba a la poesía ni creía en los pajaritos preñaos de Bolivia en guerra, se ocupaba de lo suyo: invadir Venezuela. Dedicaría el tiempo en que se negaba a responder los desesperados llamados de auxilio del rosarino impertinente en preparar personalmente a los cuadros marxistas venezolanos encargados de complementar a sus mejores generales de carrera – a los que jamás perteneció el vagabundo argentino: Arnaldo Ochoa Sánchez, Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomassevich. Entre ellos, Luben Pettkof, Héctor “el Macho” Pérez Marcano, Moisés Moleiro y viejos cuadros de Acción Democrática ahora transferidos al MIR, y cuadros emblemáticos de Partido Comunista Venezolano. Douglas Bravo, Alí Rodríguez Araque, Américo Silva, Américo Martín. ¿Compararlos con Benigno Alarcón y Willy, el boliviano que fuera fusilado junto al guerrillero heroico?

Cuando Pérez Marcano y Américo Martín discutían los preparativos para la invasión, Castro les soltó la perla que lo angustiaba: el Che andaba por ahí en sus correrías, de las que él, el Caballo, esperaba lo peor, pues su audacia sólo era comparable con su temeridad. Estaba en la quebrada del Yuro.

Nadie, en el mundo, sabe que el Che terminó siendo la cortina de humo como escrita, diseñada y escenificada por un guionista de la Twenty Century Fox tras la que Fidel ocultó su invasión a Venezuela. Como tampoco sabe que si en Bolivia la CIA puso fin al delirio guevariano asesinándolo como a un vagabundo, de Venezuela Fidel y sus generales salieron con las tablas por la cabeza gracias al político y estratega más destacado de su historia: Rómulo Betancourt. La alienación globalizada da para todo.