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Pedro Corzo / Martí Noticias / Marzo 04, 2017

En Cuba la represión uniformada ha sido la mayor parte de las veces encubierta. El sicario, el esbirro, viste de civil...

Con frecuencia se escucha a los analistas calificar de estado narcotraficante a algún que otro país, una apreciación que debería usarse con otras connotaciones, por ejemplo la calificación de estado represor, le vendría al régimen de La Habana a la medida.

Por otra parte el castrismo solo no reprime las acciones de sus oponentes. También actúan antes de que se cometa un hecho que consideran delictivo, no en base a las evidencias obtenidas, sino por la convicción a la que hayan llegado sus agentes.

El totalitarismo insular ha sobrevivido por su capacidad represiva, y aunque otros factores han influido favorablemente a su permanencia, evidentemente la condena o la corrección, según el caso, ocupa un sitial preeminente en el vasto arsenal que le ha permitido mantener el poder.

La represión no ha podido extinguir a la oposición aunque sin dudas la ha controlado eficientemente, al extremo que nunca ha sido, a pesar del arrojo de quienes en su momento han ejercido el derecho a actuar en base a sus convencimientos, un peligro a la estabilidad del régimen.

La represión en Cuba oscila de la brutalidad extrema a la sofisticación más exquisita. Es constante, relativamente uniforme en sus acciones y reacciones, enmarcada en un proyecto general en el que los victimarios intiman, maltratan y hasta ejecutan a sus víctimas con métodos iguales en cualquier dependencia oficial.

Las situaciones coyunturales o casos muy específicos son reprimidos en base a otros patrones y aunque la improvisación en la aplicación de la metodología es factible, los encargados de aplicarla en esos casos son los sicarios de mayor relevancia. Los esbirros están limitados a las pautas dispuestas por sus superiores.

Las fuerzas represivas del castrismo, sin distinción de cuerpo o agencia, es fría y calculadora porque procura evaluar previamente los perjuicios que se derivan de sus acciones. La represión ha sido institucional. Su aplicación en tiempo y profundidad depende del alto gobierno, no de un funcionario que en base a su humor, carácter y prejuicios toma las decisiones.

Cierto que los resultados pueden variar, la represión no es una ciencia exacta como las matemáticas, pero con la planificación y coordinación en su implementación, se pueden disminuir daños colaterales que puedan afectar los cimientos del poder.

La represión ha tenido a su disposición incontables recursos para imponer el control. No ha dudado en aplicar la violencia extrema, la cárcel, el paredón, o el abuso en cualquiera de sus formas, pero siempre lo ha hecho enmarcado en la mayor discreción, y cuando esto no ha sido posible, ha recurrido a las turbas enardecidas para aplastar a los opositores.

Desde los actos de repudio que se remontan al verano de 1960, hasta las brutales cacerías a las personas que se iban por el Mariel, los acosos y golpizas contra la oposición, los arrestos de la Primavera Negra y las vilezas contra las Damas de Blanco, conforman un apretado resumen, con muchas omisiones, del prontuario del maldad del castrismo que procura extirpar todo lo que pueda afectar su supervivencia.

Esta labor deleznable ha sido cumplida, las más de las veces, por funcionarios vestidos de civil que lideran concentraciones de supuestos ciudadanos irritados, listos para aplastar y sofocar la dignidad ciudadana. Este cuadro de civiles contra opositores, le ha permitido al régimen disfrutar por años una falsa imagen de popularidad, que ha sido muy útil para esconder bajo la alfombra del totalitarismo todas las brutalidades.

La represión uniformada ha sido la mayor parte de las veces encubierta. El sicario, el esbirro, viste de civil. Los autos policiales circulan por lo regular como vehículos regulares y los arrestos no son informados por los medios salvo que formen parte de una campaña que tiene el fin de generar una intimidación masiva, o enviar un mensaje al exterior de que el régimen proyecta algo de proporciones que trascenderán las fronteras.

No obstante, la represión fue y será la última cara del sistema, y no es de dudar que en sus postrimerías, intente callar el clamor de los sin derechos con una ferocidad sin precedentes lo que se corresponde con su naturaleza. No hay dudas de la crueldad del totalitarismo, tampoco, de la firmeza y el compromiso de los que se decidan de una vez por todas pagar el precio de ser libres.


Sorprende el enorme desconocimiento que muchos tienen de la historia, la política, la cultura, las leyes y la sociedad cubana



Juan Juan Almeida / Cubanet / Marzo 3, 2017



MIAMI, Estados Unidos.- Otra disparatada iniciativa… un tin pintoresca, quizás interesante, pero totalmente absurda. Representantes de PETA (Personas por un Trato Ético a los Animales) arriban a la terminal aérea José Martí de La Habana con la expresa intención de combatir el abuso animal y crear hábitos vegetarianos en la isla.

La idea de ver activistas jóvenes vestidas con hojas de lechuga sobre bikinis verdes, resulta una forma atractiva de llamar la atención; y sorprende por el enorme desconocimiento que muchos tienen de la historia, la política, la cultura, las leyes y la sociedad cubana.

Quizás las autoridades, como parte de una “considerada” neo diplomacia, permita a estas señoritas transitar con ligereza textil por La Habana Vieja regalando souvenirs, dando comida a los perros sin hogar o repartiendo folletos de iniciación vegetariana con recetas de arroz y frijoles. Pero es bueno saber que:

1. una disposición provincial, que alerta, y dice más o menos así: quien circule o se disponga a callejear en traje de baño por la capital cubana, aún cuando todos sabemos que es una ciudad costera, incurre en contravención y podría ser multado.

Con respecto a la carne de res, alguien debería explicarle a las activistas de PETA que desde el 12 de julio de 1963, fecha de creación de las tristemente célebres OFICODAS (Oficinas de Control y Distribución de Alimentos):

2. los cubanos se han visto forzados a cambiar carne por pollo, por fricandel y/o pescado, dependiendo de la tanda de abastecimiento en la libreta de racionamiento.

En la mayor de Las Antillas:

3. se come tanta carne de res como en la India, donde las vacas son sagradas.

Y que al margen de que Cuba es:

4. la única isla del mundo que en su dieta no figura el pescado.

Y que los cubanos nacidos en tiempos del eufemismo llamado “Período Especial”:

5. crecieron sin la cultura de comer carne de res.

Hoy:

6. una libra de vegetales, en el mercado agropecuario, compite en precio con la de carne de cerdo.

Sería útil saber quién ofrecerá lechugas a estas bellas jovenzuelas porque, aún cuando el general Raúl Castro en el año 2008 entregó, en régimen de usufructo, 1,7 millones de hectáreas, Cuba continúa:

7. importando más del 63% de los alimentos que consume.

8. la lechuga fresca que se ofrece en los restaurantes de los hoteles para turistas no se cultiva en la isla.

Propósito errado, que salvando el punto de riesgo, es muy parecido al del presidente boliviano, Evo Morales Ayma, porque conociendo el final de su ex compañero y mentor, el venezolano Hugo Chávez, decidió viajar a La Habana el pasado 1ro de marzo para recibir con urgencia tratamiento médico en Cuba.

El principal enemigo de quienes pierden el tiempo creando iniciativas que solo persiguen bullicio, es el sentido común. Ya es tiempo de impulso, determinación, y de concientizar sobre temas reales, como el perturbador aumento del índice delictivo, el abuso de género, y los innumerables casos de violencia doméstica. Por solo citar lo más notable.


(Publicado originalmente en Martí Noticias)


Un cinturón de pobreza y abandono rodea a las ciudades del país



Roberto Rodríguez Cardona / Cubanet / Marzo 3, 2017



GRANMA, Cuba.- La palabra ‘quimbo’ es un término adoptado en Cuba que hace referencia a rústicas viviendas de varias aldeas y tribus de África, y que en el argot cubano es usada generalmente de forma despectiva para definir un lugar desagradable o ruinoso.

Numerosos documentales y programas televisivos, abordan las vicisitudes, técnicas de supervivencia y características de vida de los africanos, sugiriendo al televidente la sensación de abandono, pobreza y atraso económico y social de esas regiones.

Sin embargo, muchos de esos programas bien pudieran haberse filmado en la periferia de ciudades cubanas, en zonas que exhiben un parecido asombroso en cuanto al paisaje semidesértico, vegetación espinosa,  desolación, insalubridad reinante, viviendas deplorables y modo de vida de sus habitantes. Bastaría ocultar solamente el nombre de la locación.

En las zonas rurales y montañosas de la mayor isla caribeña la situación tiende a agudizarse, al extremo de sugerir paisajes aborígenes, donde indígenas campesinos cultivan utilizando coas, picos, arado con tracción animal y riego manual. Los pescadores y cazadores fueron extintos por regulaciones forestales.

El crecimiento demográfico, derrumbes o demoliciones, anhelo de privacidad familiar e insuficiente espacio en la casa materna, son factores determinantes en la aparición de estos ‘quimbos’ cubanos, en los predios urbanos, como una solución desesperada ante la falta de viviendas.

Las difíciles condiciones económicas de los afectados les obligan edificar sus “nuevas casas” con los más disímiles e insospechados materiales constructivos, la mayoría reciclados o recogidos en basurales y vertederos. Sitios que, además, sirven de áreas de juego de niños descalzos y como campos deportivos de adolescentes y jóvenes de las “tribus” cercanas, al parecer inmunes a las plagas y enfermedades propias de la suciedad y las condiciones antihigiénicas.

Pedazos corroídos de tanques, láminas de hojalata, nailon, cajas de cartón o madera, pedazos de fibrocemento y fibra de vidrio, tolas, neumáticos, costanera, restos de madera, pedazos de carrocería automovilística, placas radiográficas, entre otros, conforman las rústicas viviendas de estas pobres gentes.

Clavos, sogas y alambres eléctricos se encargan de sujetar la heterogénea cubierta y la estructura enclenque, confeccionada con cuanto palo, rama, tubo, cabilla u horcón aparezca. El resultado son enigmáticas obras pertenecientes a la más pura “arquitectura de la miseria”.

Casi todas comparten características comunes: reducidas dimensiones, falta de ventilación, piso de tierra, paredes y techos agujereados y múltiples ocupantes. Muchas cuentan con una sola pieza que, de forma simultánea, sirve de sala, cuarto, cocina y comedor y muchas carecen inclusive de letrina o baño sanitario. Las necesidades fisiológicas las realizan en los matorrales cercanos y se bañan en la noche, amparándose en la oscuridad o tras una sábana tendida para ello.

Muchas de estas viviendas —por no denominarles “muriendas”— persisten por décadas antes de contar con los servicios básicos de agua o electricidad; y ni soñar con alcantarillado. Sus ocupantes tampoco tienen derecho a libreta de racionamiento.

Ilegales al fin, sus ocupantes viven a expensas de enfermedades y conviven entre la basura aledaña, las plagas y la maleza, y como tal son tratados. Incluidos entre los más necesitados de apoyo, no pueden apelar a programas sociales, subsidios o préstamos bancarios, ni licencias de construcción o reparación parcial, que les permitan solucionar sus problemas de vivienda.

Irónicamente, aunque son catalogados de ilegales, pertenecen y abonan al Comité de Defensa de la Revolución (CDR).

Parafraseando el Artículo 9 de la Constitución de la República de Cuba, el Estado, como poder del pueblo, en servicio del propio pueblo, debe garantizar la dignidad plena del hombre, el disfrute de sus derechos y el desarrollo integral de su personalidad y trabajar por que no haya familia sin una vivienda confortable.

Pero actualmente el Estado parece trabajar en dirección contraria. Incontables regulaciones estatales y supuestos proyectos de urbanización periférica se encargan de sabotear sus sueños de propietarios. De nada sirven los sobornos a funcionarios o los fraudes.

Sin orden estatal, son y seguirán siendo indeseables, cuya extirpación debe ser inminente. Amenazas y acciones de desalojo, destrucción de casas, multas y detenciones a los residentes son comunes en estas ciudadelas.


La densidad poblacional en Bayamo supera los 253,4 habitantes por kilómetro cuadrado, razón por la que el crecimiento periférico es espontáneo… e indetenible. Sencillamente, no hay espacio.


Carlos Alberto Montaner / El Blog de Montaner / Marzo 05, 2017

Hay que admitir que el populismo suele estar a la derecha y a la izquierda. The Economist la gran revista británica, describe magistralmente la confusión. El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, que ha liquidado a cientos de vendedores de drogas, es populista. Pero también lo es, y en grado sumo, el boliviano Evo (Ego) Morales, cocalero inveterado que ha multiplicado por cuatro las tierras dedicadas a ese cultivo.

El populismo son creencias y conductas que hermanan a figuras erróneamente situadas en bandos opuestos. Fidel Castro, comunista hasta el último minuto de su vida, y Juan Domingo Perón, cuasi fascista formado en la Italia de Mussolini, en donde fue attaché militar del gobierno argentino, eran primos hermanos ideológicos y se profesaban una mutua admiración.

El profesor de Princeton Jan-Werner Müller, en su breve libro What is populism, publicado en el 2016 por la University of Pennsylvania Press de Filadelfia, se acerca al tema acertadamente. De sus páginas extraigo once categorías que distinguen a cualquier sociedad populista, pero hago la aclaración de que no todos estos rasgos deben estar presentes para calificar de esa manera a un gobierno.

Incluso, se puede ser un demócrata, como fueron el argentino Raúl Alfonsín o el primer Alan García (o el primer Carlos Andrés Pérez), y presentar características populistas. En todo caso, esos datos aislados no son suficientes para calificar a un gobierno de populista. Es necesario que coincidan seis o siete síntomas de los más graves para determinar que se trata de un régimen de esa naturaleza.

Estos son los once rasgos definitorios:

1.- Antielitismo: se culpa a la élite política, económica, o simplemente urbana, de colocarse de espaldas a las necesidades del pueblo. En Camboya llegaron a ejecutar maestros por saber leer y escribir. En China, durante la Revolución Cultural de Mao, apresaron a personas por llevar lentes. En Cuba hubo épocas, especialmente en los años sesenta, en que el uso de corbatas equivalía a identificarse con la burguesía explotadora.

2.-El exclusivismo: sólo “nosotros” (quienes detentan el poder) somos los auténticos representantes del pueblo. Los “otros” son los enemigos del pueblo. Los “otros”, por lo tanto, son unos seres marginales a los que se puede y se debe castigar.

3.- El caudillismo: se cultiva el aprecio por un líder que es el gran intérprete de la voluntad popular. Alguien que trasciende y supera a las instituciones, y cuya palabra se convierte en el dogma sagrado de la patria (Hitler, Mussolini, Perón, Fidel Castro, Juan Velasco Alvarado, Hugo Chávez).

4.- El adanismo: (por Adán) la historia comienza con ellos. El pasado es una sucesión de fracasos, desencuentros y puras traiciones. La historia de la patria se inicia con el movimiento populista que ha llegado al poder para reivindicar a los pobres y desposeídos tras siglos de gobiernos entreguistas, unas veces vendidos a la burguesía local y otras a los imperialistas extranjeros.

5.- El nacionalismo: una nefasta creencia en la propia superioridad que conduce al proteccionismo o a dos reacciones aparentemente contrarias. El aislacionismo para no mezclarnos y contaminarnos con los diferentes, o el intervencionismo para esparcir nuestro “magnífico” modo de organizarnos, lo que da lugar a sangrientas aventuras.

6.- El estatismo: o la acción planificada del Estado, y nunca el crecimiento espontáneo y libre de la sociedad y sus emprendedores, lo que supuestamente colmará las necesidades del pueblo amado, necesariamente pasivo.

7.- El clientelismo: concebido para generar millones de estómagos agradecidos que le deben todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo.

8.- La centralización de todos los poderes. El caudillo o la cúpula dominante controla el sistema judicial y el legislativo. La separación de poderes y el llamado check and balances son ignorados.

9.- El control y manipulación de los agentes económicos, comenzando por el banco nacional o de emisión, que se vuelve una máquina de imprimir billetes al enloquecido dictado del Ejecutivo.

10.- El doble lenguaje. La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. “Libertad” se convierte en obediencia, “lealtad” en sumisión. Patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina “traición” cualquier discrepancia.

11.- La desaparición de cualquier vestigio de cordialidad cívica asociado a la tolerancia y la diversidad. Se utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión. El enemigo es siempre un gusano, un vende-patria, una persona entregada a los peores intereses.

Ahora le toca a usted, lector, discernir si el gobierno de su país es a) perdidamente populista, b) moderadamente populista, c) nada o casi nada populista. Vale le pena hacer ese ejercicio.

Alexis Jardines Chacón / Cubanet / Enero 14, 2017

¿Por qué querría Raúl Castro a estas alturas retener a toda la emigración en la Isla?

MIAMI, Estados Unidos.- ¿Qué pudo haber llevado a Obama a firmar apresuradamente un decreto en sintonía con la política migratoria de Trump y contra sí mismo? Y digo “apresuradamente” porque hasta hace unos pocos meses la Casa Blanca reiteraba que no tenía ninguna intención de modificar la Ley de Ajuste ni la política pies secos/pies mojados.
La decisión de Obama ha generado innumerables cuestionamientos, preguntas y aparentes contradicciones. La primera de estas la he esbozado ya: semejante medida ―dirigida al parecer contra la emigración ilegal― debería ser trumpista. Se entiende que los seguidores de Obama-Hillary estén insultados al no saber cómo encajar esta decisión dentro del marco general de la política de fronteras abiertas y culto al otro ajeno. Sin embargo, algo peor pudiera esconder esta “insólita” orden ejecutiva del presidente saliente.
Si asumimos que en política lo verdadero es lo que no se ve, cualquier hipótesis acerca de la derogación de la política pies secos/pies mojados debería arrojar luz sobre ese entuerto en el que nadie sabe de qué lado situarse, quién actúa mal y quién bien y, sobre todo, qué persiguen con ello Obama y Raúl Castro. Las dudas solo aumentan: ¿por qué querría Raúl detener el flujo de cubanos hacia el exterior en un momento tan difícil desde el punto de vista político y económico para el régimen? ¿Acaso no se ha dicho que la Ley de Ajuste y la política pies secos/pies mojados actúan a modo de válvula de escape?
Por otra parte, alguien se ha quejado ya de que Obama recibe palos porque boga y palos porque no boga: si no deroga la Ley, se dice, actuaría como el comunista que quiere llenar Miami de castristas. Pero si lo hace, entonces lo que quiere es mantener a los cubanos cautivos bajo la dictadura castrista. En fin, un panorama realmente desolador.
Pongamos ahora la cuestión en contexto y ensayemos una mirada multilateral. Esto nos permitirá esclarecer si la medida del presidente saliente es perjudicial o beneficiosa para los verdaderos anticastristas y antimarxistas.
La política pies secos/pies mojados la estableció el Presidente Clinton en el momento más tenso del llamado, en Cuba, Período Especial. ¿Acaso no fue esto un gesto inducido por el gobierno cubano? Sin dicha política el régimen de La Habana pudo haber colapsado. Lo mismo sucedió unos 30 años después con la política de deshielo, esta vez de la mano de Barack Obama: en el peor momento que atravesaba el régimen llegó el oxígeno directamente de Washington. Y ahora, en enero de 2017, ¿qué sucede? ¿Por qué querría Obama firmar esa orden ejecutiva que deroga la política pies secos/pies mojados y que tan impopular lo hace a los ojos de sus seguidores cubanos, amén de lo inconsecuente que resulta con la línea de su partido? La Habana maneja los hilos, haciéndole creer al presidente saliente que pasos como estos llevarían a normalizar las relaciones entre ambos países, lo cual sería parte de su legado presidencial. Pero, sin duda, el motivo más convincente es la destrucción de Trump. Y aquí viene otra pregunta crucial: ¿por qué querría Raúl a estas alturas retener a toda esa emigración en la Isla?
Para responder la pregunta anterior recordemos que la decisión tomada por Obama ―y que también parece una respuesta inducida desde La Habana― involucra otro aspecto: el del programa de Parole para los médicos cubanos.
Ahora veamos qué gana el régimen con todo esto.
Es obvio que gana en términos de retención del personal médico que usa como fuente de riqueza en el exterior. Sin embargo, hay algo que no debe pasarse por alto. En Chicago se ultiman los detalles de la colaboración de médicos cubanos. Es decir, el territorio americano será invadido por el personal de la salud castrista del mismo modo que lo hace en la mitad del mundo. Ahora bien, quien conoce la Cuba comunista sabe que no hay manera alguna de que los médicos que envía al exterior el gobierno cubano, particularmente si el destino es Estados Unidos, no sean colaboradores de la Inteligencia y de la Contrainteligencia castristas. Eso es axiomático: médicos cubanos en misión en Estados Unidos = Espías. Y ya ello es parte del regalo que le preparan a Trump, porque estos individuos no son los espías clásicos, sino los “embajadores culturales” que vienen a diseminar el marxismo, el odio al capitalismo y el culto a las ideologías “izquierdosas” junto con el amor a Cuba (castrista, se entiende). Toda vez que las Universidades norteamericanas están ya colonizadas por el marxismo cultural, se impone ahora llegar a las “comunidades vulnerables”. Esa misión recaerá en los médicos cubanos que, obviamente, recabarán también información de inteligencia.
Así, pues, hasta la victoria electoral de Trump al régimen de La Habana le convenía mantener la política pies secos/ pies mojados y eliminar el programa de Parole para los médicos. De haber ganado Hillary no se habría derogado la política pies secos/pies mojados. Después de la elección de Trump como presidente de Estados Unidos a Castro le conviene derogar ambas políticas. Con respecto al tema de los médicos se entiende claramente, pero volviendo a la pregunta clave de más arriba ¿para qué querría el dictador cubano derogar una política que le ha sido extremadamente útil para paliar la situación interna? En primer lugar, hay que decir que se mantiene la crisis aun con el aumento de los viajes y remesas a Cuba. En segundo lugar, que la infiltración de espías que facilitaba el flujo migratorio hacia Estados Unidos se va a compensar de una forma más efectiva y profesional a través del “personal de la salud” (que apoyará a las huestes de la UNEAC y de las universidades e institutos de investigación cubanos). Y tercero, Raúl prepara un arma para enfrentar la eventual hostilidad de Trump: la vuelta a la estrategia fidelista de las oleadas migratorias. La presión de la olla servirá en lo adelante como mecanismo para forzar a Trump. Es, junto a los estragos de una creciente y despiadada represión interna que ya están cargando con toda intención a la cuenta del presidente electo, la única arma que les queda. Obama, al corriente del asunto, colabora con el dictador cubano.
¿Debería Donald Trump revocar la orden ejecutiva del presidente Obama sobre la política pies secos/pies mojados? Definitivamente, no. La política pies secos/pies mojados daña a Estados Unidos, al exilio cubano y a la oposición interna, mientras beneficia al régimen castrista. Solo hay que aprender a manejar la situación a nuestro favor: Donald Trump deberá, pues, mantenerse firme y no ceder a los muy probables chantajes de Raúl ni a los previsibles encantamientos de Díaz-Canel, al tiempo que restituye el programa de Parole para los médicos cubanos y pone límites al intercambio cultural unidireccional, que solo trae a tierras norteamericanas figuras del oficialismo. De ese modo se estaría del lado del verdadero anticastrismo, porque es también la manera más efectiva de estrechar el cerco sobre la dictadura. Quien no lo entienda así solo tome un lápiz y haga cuentas.
No hay que lamentarse, pues, de lo ocurrido. Junto a la crisis interna agravada y unas condiciones externas favorables necesitamos alcanzar también una masa crítica y su catalizador. ¿Conflicto ético, sentimental, familiar, pena por el socito del barrio, etc.? Esta no es la Cuba de los 80 o los 90. Ahora los cubanos hasta pueden salir del país y regresar. Incluso en Estados Unidos siguen teniendo posibilidades, pero tienen que hacer algo allá por la libertad, que esto no es un balneario, joder, es el Exilio.
Y, ¿qué ganan los estadounidenses con todo esto? Mucho: muerto el perro castrocomunista se acabó la rabia.

Cubanet / Agencias / Enero 13, 2017

Carlos Alberto Montaner no se siente sorprendido por la derogación de la medida migratoria “pies secos/pies mojados”

MIAMI, Estados Unidos.- El periodista y escritor cubano Carlos Alberto Montaner dijo hoy a Efe no sentirse sorprendido por la derogación de la medida migratoria “pies secos/pies mojados”, dado que la “política cubana” del presidente de EE.UU., Barack Obama, “está llena de mentiras”.
Montaner criticó con dureza a Obama por los “engaños” y bandazos que ha ido dando respecto de Cuba: “Obama ya me había engañado cuando dijo, una y otra vez, que no modificaría la política cubana de Washington mientras los Castro no se abrieran a la democracia”, expuso el intelectual exiliado.
Y sin embargo, añadió Montaner, el mandatario estadounidense “anunció lo contrario en diciembre de 2014”, para después “mentir repetidas veces cuando afirmó que no modificaría la política migratoria de los cubanos” y ahora “hacerle a Raúl Castro la última concesión”.
Obama derogó este jueves la norma “pies secos/pies mojados”, que permite quedarse en el país a los cubanos indocumentados que logran pisar territorio estadounidense.
Con este decreto ejecutivo, Obama pone fin a una política de beneficios migratorios puesta en marcha por el Gobierno de Bill Clinton en 1995, por la que los cubanos que lograban tocar tierra podían permanecer legalmente en EE.UU., mientras que imponía la repatriación de los que eran interceptados en el mar.
Además, prosiguió Montaner (La Habana, 1943), la derogación de esta política migratoria “genera incógnitas”, porque Obama eliminó un decreto presidencial firmado en 1995 por Clinton “encaminado a frenar parcialmente el éxodo de cubanos tras el balserazo de 1994”, cuando emigraron cerca de 35.000 cubanos.
Antes de entrar en vigor la política migratoria “pies secos/pies mojados”, precisó el presidente del Instituto Interamericano para la Democracia (IID), a los cubanos que eran interceptados en el mar se les daba asilo. “Después de la medida, se devolvían a Cuba”, explicó.
Pero el fin de esta normativa de beneficios migratorios para los cubanos mantiene importantes “incógnitas”, puesto que, consideró, a la vez que el Gobierno de Obama “declara que los cubanos no tendrán un trato favorable, existe la Ley de Ajuste cubano y no ha sido derogada”.
Una ley que permite que una persona de origen cubano “acceda a la residencia legal al año y un día de haber llegado” a territorio estadounidense, apuntó.
En opinión del diario en español del sur de Florida El Nuevo Herald, el fin de la política migratoria citada es una decisión “especialmente insolidaria con los médicos cubanos que trabajan en el extranjero bajo condiciones de semiesclavitud, recibiendo salarios irrisorios, mientras el Gobierno de la isla se embolsa la mayor parte de la compensación monetaria” por su labor.
La derogación de la normativa supone también la eliminación del programa de alivio migratorio que permitía solicitar asilo a profesionales médicos cubanos que abandonaran sus misiones internacionales o que cursaran estudios en el exterior, iniciado en el año 2006 y conocido como “Programa Parole para Profesionales Médicos Cubanos” (CMPPP).
(EFE)


Carmen María Rodríguez / Radio Martí / Julio 03, 2012

Una página de la historia de Cuba, poco conocida, que data de 1781, donde el protagonismo fue para las damas cubanas de La Habana y de Matanzas.
En su libro, “When the French were here” (Cuando los franceses estuvieron aquí), el historiador estadounidense Stephen Bonsal escribió que “los fondos colectados por las damas de La Habana pueden ser considerados el terreno sobre el cual fue erigida la independencia y libertad de Estados Unidos”.
En Estados Unidos se conmemora cada 4 de julio, el Día de la Independencia, y ella se logró en base a la posición y sacrificio de los llamados Padres Fundadores del país, en particular del General George Washington.
El general Washington al frente del Ejército, que estaba depauperado por arduas batallas, los cruentos inviernos, y la escasez de fondos; casi al borde de la insolvencia. 
Washington recurrió al aristócrata francés Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, Marques de La Fayette y le encomendó que zarpara para España y ahí en Cádiz pidiera ayuda monetaria para las batallas que se avecinaban contra los ingleses en las colonias.
Los españoles no les prestaron ayuda financiera, y Lafayette decidió tomar camino rumbo hacia Ste. Domingue, hoy en día conocida como la isla de La Española, donde se hallaban los franceses y la colonia más acaudalada del hemisferio americano gracias al azúcar y a las maderas preciosas como la caoba y la majagua azul.
Los franceses en Ste Domingue tampoco abrieron sus cofres para la gesta libertadora americana. De ahí zarpó Lafayette en el buque L’Aigrette y atracó en La Habana. Hay quienes señalan que solo fue para abastecerse de agua antes la trayectoria difícil hacia la colonia de Virginia donde les aguardaba Washington.
Fue en La Habana que se esparció como pólvora, la solicitud de George Washington. Las damas y niñas de Matanzas también se unieron al esfuerzo de recaudar sus joyas para entregar a Lafayette, y que sus prendas sirvieran de financiamiento para los revolucionarios de Virginia.
En “Le Musee Naval de Paris” hay anécdotas de marineros franceses que reflejan como las cubanas se quitaban hasta sus brillantes para donarlos. La generosidad de las damas cubanas fue descrita de la siguiente manera por el General Jean Baptiste de Rochambeau: “La contribución de 800, 000 libras esterlinas ayudó a frenar la insolvencia monetaria del Ejército revolucionario y ayudó a aumentar el espíritu del Ejército que se encontraba en baja”.
La descripción del general Washington al saber que tenía cientos de miles de libras esterlinas en aporte a sus gestas, es la de un hombre literalmente dando brincos, tirando la gorra al aire de alegría. La noticia la recibió estando acampado en la Bahía de Chesapeake.
Las joyas de las damas cubanas sirvieron para financiar la batalla decisiva de Yorktown, donde en octubre de 1781 el teniente general Cornwallis fue derrotado por fuerzas conjuntas del ejército continental de Washington, así como de efectivos franceses bajo el Conde de Rochambeau. Cornwallis al rendirse y enviar a un subalterno a que le entregara su espada a Washington en señal de derrota dio paso al establecimiento de esta República.
La contribución al Ejercito de Washington de oro y brillantes de las Damas –y niñas- cubanas también mostró que algo muy importante de la mujer en Cuba. En 1791 la única propiedad real de la mujer eran sus joyas. Al desprenderse de ellas, la mujer cubana mostró tener confianza que su padre, esposo, hijo, hermano no le abandonaría. Apostó por la gesta libertadora de lo que sería Estados Unidos, y dio un voto de confianza en que la sociedad cubana de aquella época la seguiría apoyando en ausencia de su oro y brillantes, de su única propiedad real. Este gesto, me aseguran amigos masones, tiene la impronta de las logias masónicas que ya existían en Cuba.
Desde la época del establecimiento de Estados Unidos, cubanos como José Martí entre tantos otros, han venido a Estados Unidos, para ampararse en la libertad que la generosidad de las cubanas de siglos atrás hizo posible. Cubanos han venido a este país que la ex Secretario de Estado Madeline Albright definió como “la gran nación indispensable”, también en búsqueda de apoyo por su propia libertad.