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Historia de una parálisis

Foto tomada de yusnaby.com

Cuba dialoga porque no le queda otra opción

Alexis Jardines / Fuente: el Nuevo Herald


Un amigo, al sospechar que el presidente Obama estaría detrás de aquellos insólitos editoriales del New York Times y de la reciente encuesta de Bendixen (ahora que lo escribo, el condicionamiento estratégico de la opinión pública pudo haber sido uno de los temas tratados en esos 17 meses de conversaciones secretas) llamó mi atención sobre la actualidad de la posición mambisa: “¡Ante el diálogo indigno: un eterno Baraguá!”.
Me preguntaba cómo la martiana frase podía adaptarse a cualquier contexto. También los castristas la han blandido hasta el cansancio y ahora parece reverdecer en las condiciones de la normalización de las relaciones Cuba-USA. La duda que tenía comenzó a despejarse cuando afloró a mi mente el siguiente juicio: Cuba no se mueve. Lo que sigue, es la manera de explicarme esa hibernación.
Cuenta la historia local que los cubanos del Ejercito Mambí habían ganado la guerra de 1895 cuando se produjo la intervención estadounidense a comienzos de 1898. Un grupo minoritario de insurrectos, mal abastecidos y a puro machete enfrentaron el poder colonial en dos contiendas que sumaron 15 años. Estados Unidos, en cambio, apenas si tuvo que combatir para proclamar su victoria sobre España en el mismo año en que entraron en la guerra.
El gobierno de la Corona en la isla –como la propia metrópolis– se vio envuelto en una situación de desgaste y de ingobernabilidad que solo culminó con la rendición. Cuatro años más tarde, bajo la supervisión estadounidense, Cuba se declararía república y se comenzaría a construir las estructuras democráticas.
A 61 años de la victoria sobre España se produce otra: la del Ejército Rebelde, consecuencia de una revolución nacionalista que dura ya 57 años y que destruyó las estructuras republicanas. Sin embargo, el gobierno nacionalista revolucionario hoy vigente en la isla, tras experimentar con el marxismo, el comunismo, el tutelaje de la URSS y otros tantos remiendos, se ve envuelto en similar situación de desgaste e ingobernabilidad que la antigua metrópolis española.
El gobierno de Cuba dialoga porque no le queda otra opción, lo que indica que ha claudicado y prefiere entregarse a su enemigo histórico antes que a su propio pueblo. Cuba se tornó ingobernable, su gente lo consiguió sin tirarse a la calle. La guerra terminó y gracias a la solidaria y desinteresada ayuda de la hermana Norteamérica (como se edulcoraba antaño cada mención de la URSS en los medios oficialistas) no hubo vencedores ni vencidos. Luego de tanta retórica antinorteamericana, la cúpula gobernante ordena a sus ciudadanos no ofender bajo ningún concepto al Imperialismo, que ahora no le parece tan yanqui ni tan imperial.
Han transcurrido 57 años de enconada resistencia en la que un grupo minoritario de insurrectos, mal abastecidos y sin machetes siquiera ha enfrentado a un régimen totalitario con un grito de rechazo que es ahora el de la población entera. Igual que sus antecesores, los luchadores por la libertad han sido echados a un lado, escamoteándoseles la victoria. Sin Brasil y Venezuela y con la grave situación interna el gobierno estaba rendido tanto o más de lo que estaba España cuando, igual de oportunas, irrumpieron las huestes estadounidenses en la contienda bélica.
Fue la de 1895 una de las últimas guerras contra España. La de los cubanos contra el castrismo será una de las últimas contra las dictaduras latinoamericanas. Y si cuatro años hicieron falta a partir de 1898 para instaurar la república y el orden democrático en la isla bajo la tutela de Estados Unidos, cuatro años más tendrán que transcurrir a partir de las próximas elecciones del 2016 –tras la oxigenación recibida por Raúl Castro con la nueva intervención norteamericana– para derrotar al gobierno dictatorial en las urnas y reinstaurar la democracia.
Ha pasado algo más de un siglo desde 1902 y la situación es la misma: Cuba, de la mano de Estados Unidos, ante la necesidad de construir las estructuras democráticas. ¿Que cuál es la diferencia? Pues, al menos sabemos que el gobierno actual, beneficiario del nuevo tutelaje, es peor que todos los anteriores y, en general, la peor de las formas de gobierno posibles.
 
Alexis Jardines es académico distinguido en residencia “Pérez Bengochea”, en FIU.





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