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¿Embajadas, para qué?

Kcho posó con la bandera 26 de Julio frente a la Casa Blanca

Cabe esperar que esas Embajadas estén cerradas para los opositores del régimen castrista. La de Estados Unidos en La Habana terminará acordonada por la policía revolucionaria.

Alexis Jardines Chacón / Cubanet Noticias / Julio 23, 2015 

MIAMI, Florida -Como aclaro de diversas maneras en cada uno de mis artículos de opinión, es mejor que los americanos estén dentro de la Isla. El problema es que las condiciones bajo las cuales se da este acercamiento bilateral ─del que el régimen cubano ya no podía prescindir─ debe ponerlas la democracia estadounidense, no la dictadura castrista.

Cuba fue uno de los países que hizo las mayores contribuciones a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El espíritu de la Constitución del 40 transpira en ella. Hoy Cuba es uno de los países que más viola e irrespeta la Declaración Universal, mientras recibe el apoyo cómplice de medio Planeta. Algo anda mal aquí. Y cuando se construye a hurtadillas y sobre cimientos tan endebles, se sabe que el tiempo termina pasando factura. Tarde o temprano los cubanos encontraremos el camino y a ningún legado presidencial, del signo que sea, le cabrá el mérito de la victoria.

Contradicciones manifiestas

Las razones que esgrime el Departamento de Estado mediante su vocero J. Kirby en el caso de Burundi aplican también a Cuba. ¿Por qué entonces tanta dulzura de un lado y tanto rigor de otro? El señor Kirby ha puntualizado el martes en conferencia de prensa que no se le puede atribuir credibilidad a las elecciones presidenciales en Burundi toda vez que han sido contaminadas debido al acoso del gobierno a la oposición y a los miembros de la sociedad civil, la intimidación del electorado y la censura de los medios. ¿Cuál de esas cosas es la que no encuentra el Departamento de Estado en Cuba? “La decisión del gobierno de Burundi ─puede leerse en la página web del U.S. Department of States─ de negarle a sus ciudadanos la capacidad de elegir a sus líderes obliga a los Estados Unidos a revisar todos los aspectos de nuestra colaboración.” Kirby se queja, asimismo, de la ausencia de observadores internacionales en dichas elecciones y del sostenido esfuerzo para silenciar la libertad de expresión. Si la referencia hubiera sido el gobierno de Cuba  y no el gobierno de Burundi, una descripción real de los acontecimientos tendría que repetir, palabra por palabra, lo que Kirby ha dicho en defensa del presunto aislamiento de Burundi.

Sin embargo, el tema de Cuba salió relucir en la conferencia de prensa desde el lado de los programas de ayuda pro democracia. El portavoz del Departamento de Estado aseguró que no se cancelarían, pero la pregunta realmente debió ser otra: ¿se beneficiará de esos programas toda la oposición o principalmente aquella parte que apoya la normalización incondicional y el levantamiento del embargo?

También el martes, 21 de Julio, el presidente Obama pronunció un discurso ante la Convención Nacional de Veteranos de Guerra realizada en Pittsburgh, Pennsylvania. Estas son sus palabras: “Hoy, con nuestra embajada estadounidense abierta en La Habana por primera vez en 50 años, reafirmamos que vamos a hablar a favor de la libertad y los valores universales”. El Universal refiere ─tras citar las palabras del presidente─ una encuesta simultánea del Centro de Investigación Pew, que revelaba un apoyo al restablecimiento de las relaciones con Cuba del 73% en los Estados Unidos. Se desconoce, seguramente, que encuestas realizadas por la sociedad civil independiente al interior de la Isla arrojan un 72% en contra del Partido Comunista único y en favor de elecciones libres. ¿Acompañarán los norteamericanos, con esa curiosidad antropológica que los caracteriza, a las Damas de Blanco en sus marchas dominicales o escucharán las “sugerencias de la Seguridad del Estado? Realmente, hablar de libertad y valores universales con la dictadura castrista es arrojarle perlas a los puercos.


Meme: Kcho adopta el lema de una campaña disidente

Problemas de legitimación

Rosa María Paya lo ha reiterado en varias de sus presentaciones: el presidente cubano no fue elegido por el pueblo; fue designado a dedo por su propio hermano. Así, pues, carece de la legitimidad que le otorga la representación popular. No representa a ciudadano alguno, sino al oxímoron “Partido Único”. En consecuencia, es un presidente inconstitucional, no llegó al poder mediante las urnas. Todo ello viene a decir que el presidente de los EE UU está negociando con el hombre equivocado. Y ya que lo está haciendo, debería velar por no equivocarse él mismo.

Cuba ha dejado de ser el Estado socialista irrevocable que supuestamente legitima la Constitución. El modelo actual ―que va camino de un capitalismo chino de Estado― no se ve reflejado en ella, ha quedado sin asidero constitucional y el proceso de normalización podría caer en una suerte de limbo legal. Lo curioso es que la apertura de las embajadas ha tenido lugar antes de la re-conceptualización del socialismo cubano que a toda prisa quiere instrumentar el venidero VII Congreso del Partido Comunista Castrista (PCC). Ergo, las embajadas carecen de legitimidad, aunque se quiera hacer ver que están en congruencia con la Carta de la ONU y las Convenciones de Viena, cosa que también carece de fundamento.

Acciones violatorias

Al parecer todo comenzó con el arresto arbitrario e injusto del contratista Alan Gross, para que sirviera como moneda de cambio por los 5 espías convictos. Obama cedió y Gross terminó siendo la vía expedita para penetrar hasta el tuétano la política norteamericana hacia Cuba.

Sin embargo, la reapertura de las embajadas se sostiene, según declaran ambos presidentes, sobre los principios de la Carta de la ONU y las Convenciones de Viena, mientras todo el mundo sabe que La Habana fuerza a Washington a modificaciones y eliminaciones de políticas que son competencia del gobierno y del Congreso norteamericano, con lo que el gobierno de la Isla viola el principio de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas. Nótese que para poder avanzar en el proceso de normalización de las relaciones entre ambos países Cuba maniobra y exige condiciones que constituyen una franca intromisión en los asuntos internos de los Estados Unidos, como es la política del embargo, relativa y restringida a las empresas norteamericanas y a componentes de fabricación norteamericana, política esta legislada y sancionada por el Congreso de los Estados Unidos de América. Las presiones de la Inteligencia cubana y el cabildeo de los grupos de presión castristas son notables dentro y fuera del territorio norteamericano, mientras los diplomáticos estadounidenses en la Isla evitan todo contacto y expresiones que irriten a la dictadura. En adición, el gobierno cubano y su ilegítimo presidente están, al parecer, incidiendo de facto en el manejo y destino de los fondos federales de los Estados Unidos, que ahora no pueden ser redistribuidos de la misma forma que se hacía antes de la reapertura de las Embajadas. Por lo tanto, es el presidente cubano el que está interfiriendo notable y exitosamente en los asuntos internos del Congreso y, en general, de las políticas de la administración norteamericana. Lo mismo aplica para la libertad de expresión, que se ve restringida y asediada toda vez que Radio y TV Martí están sometidos, por exigencia del gobierno cubano, a una revisión cuyas consecuencias no auguran nada bueno para la tradición de prensa libre del país más democrático del mundo. Como consecuencia de la injerencia del gobierno cubano en los asuntos internos de los Estados Unidos y, por consiguiente, en franca violación de la Carta de las Naciones Unidas, 18 meses de negociaciones secretas con la dictadura vecina fueron ocultados a la opinión pública estadounidense, en plena consonancia con el modus operandi totalitario y excluyente del gobierno cubano. Me pregunto ─una vez restablecidas las relaciones diplomáticas─ qué impide hacer públicas esas grabaciones. ¿Son realmente congruentes las negociaciones Castro-Obama con los principios de la Carta de las Naciones Unidas?

Cuba ha violado recientemente el acápite 5 del artículo 2 de dicha Carta, toda vez que traficó armas con Corea del Norte, país sancionado por la ONU. Esto ocurrió después que Obama naciera y, más exactamente, en pleno diálogo secreto del presidente norteamericano con la dictadura castrista. Sin embargo, el gobierno cubano recibe como premio justo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

La ONU nunca aplicó a Cuba el artículo 6 ―relacionado con la expulsión por violación de los principios de la Carta― a pesar que el gobierno cubano entrenó, financió y participó con sus tropas en las guerras y guerrillas que extendieron vorazmente por América Latina y África, acciones tipificadas como violaciones en el magno documento.

Cuba también violó lo establecido en el párrafo 3 del artículo 22 de la  Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas (18 de Abril, 1961) y sobre las relaciones consulares (25 de Abril, 1965) cuando en Julio de 1990 introdujo un comando disfrazado de paisanos en la Embajada Checa que provocó significativos destrozos y agresiones con el propósito de justificar la extracción de 4 pacíficos disidentes de avanzada edad que se habían refugiado allí. Fui testigo presencial de los acontecimientos.


La bandera equivocada

El lunes, 20 de Julio, se izó la bandera cubana en la Embajada castrista en Washington. Obama no negoció con los cubanos, sino con una dictadura militar que, curiosamente,  no envió un solo uniformado a la inauguración. A Washington llegó el emergente y exclusivo sector privado partidista que la política del deshielo-para-Castro está comenzando ya a empoderar.

Cabe esperar que esas Embajadas estén cerradas para los opositores del régimen castrista o, cuando menos, no resulten de mucha ayuda. La de Estados Unidos en La Habana terminará acordonada por la policía revolucionaria y el movimiento de los diplomáticos estadounidenses restringido con el pretexto de la amenaza de refugio masivo o secuestro del personal por parte de la gusanera apátrida. Dicho sea de paso, un agente de la Seguridad del Estado me contó en Cuba que en una ocasión, no pudiendo acceder por aquello de la inmunidad,  a un diplomático que querían detener (ya que tanto su casa como la Embajada y su carro eran territorio que no debían violar) le orquestaron un accidente provocando una colisión con un carro operativo. Apenas el aturdido diplomático salió de su vehículo y puso los pies en la calle, se lo llevaron preso.

En cuanto a la Embajada castrista en Washington, ayer mismo fue puesta a prueba por una ciudadana cubana que llevaba una carta de su madre dirigida al Ministro de Salud Pública. ¿Resultado? Al primer cliente, un nacional, no lo reciben y, más que eso, le llaman a la policía para amedrentarlo.  Vergüenza debían sentir todos aquellos que se apiñaban tras las ventanas al ver cómo, desde la acera, el decoro de Rosa María Paya reducía la flamante Embajada a un grosero cuartel de la policía política. Kcho, sin darse cuenta, ha hecho la mejor performance de su carrera: la bandera que debe ondear en ese siniestro recinto es la sangrienta y excluyente del 26 de Julio.

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