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LA LIBERTAD DE CUBA NO ES NEGOCIABLE



Discurso pronunciado por Néstor Carbonell Cortina en el acto de M.A.R. por Cuba celebrado en Miami el 13 de septiembre del 2015

Gracias, Ileana, por esas palabras  tan generosas y estimulantes que  mucho me enaltecen. Me enaltecen porque provienen de ti, cuyo dignísimo historial de lucha es un orgullo no sólo para nuestra familia, sino también para la Cuba democrática y militante del destierro: Ileana Arango Cortina, esposa de Rino Puig, héroe de la resistencia, aquí presente.

Al hablar de héroes de la resistencia, le doy un saludo muy cordial, patriótico y cubano a otro de ellos, a Antúnez, que hoy nos honra con su presencia.

Me parece muy acertado y oportuno el llamado de M.A.R. por Cuba a la conciencia del exilio y de la oposición en la isla, porque tenemos que hacerle frente a la actual política norteamericana, miope y abyecta, que puede poner en peligro a nuestra causa: la causa de la plena libertad de Cuba sin maniobras fraudulentas ni lastres continuistas.

Antes de profundizar en este tema, yo quisiera encomiar el ejemplo de nobleza, valentía y patriotismo que están dando, dentro y fuera de Cuba, las mujeres cubanas. Me refiero, en particular, a las Damas de Blanco en la isla y a las Damas de Negro de M.A.R. por Cuba en el exilio, que luchan sin desmayo por la redención de la patria cautiva. Para ellas, nuestro reconocimiento y gratitud.

        ¿Qué hacer para que no decaiga entre nosotros el espíritu de lucha? Pues lo primero es sobreponernos al desaliento producido por 56 años de esfuerzos infructuosos. Sí, la espera desespera, pero no debemos olvidar lo difícil que resulta erradicar el totalitarismo una vez que se ha consolidado. El desplome de la Unión Soviética y de su régimen comunista tardó más de 70 años. Y la liberación de Europa del Este y de las repúblicas del Báltico, aún con la Guerra Fría, tardó casi 50 años. 

Debemos tener presente lo que nos enseña la historia. La libertad puede ser aplastada, pero no muere. Puede tardar en llegar, pero llega. ¡Y llegará en Cuba, a pesar de los cómplices de la tiranía que se acomodan, de los indiferentes que se marginan, y de los cobardes que se rinden!

        ¿Cómo fortalecer la resistencia y acelerar la liberación de Cuba? Yo diría que se requiere una gran concertación patriótica, apoyada por las principales organizaciones militantes, para conciliar estrategias, coordinar esfuerzos y deponer rivalidades partidistas.

        Ese fue el objetivo muy loable del Encuentro Nacional Cubano celebrado en Puerto Rico el mes pasado. Sus resultados alentadores requieren seguimiento y los promotores de la iniciativa merecen nuestro apoyo. Un aplauso para uno de sus directores, Guillermo Toledo, aquí presente.

        Me cuentan que, durante el Encuentro en San Juan, algunos delegados, deseosos de superar divergencias intrascendentes y ambiciones personales y de grupos, evocaron un episodio memorable y aleccionador que ocurrió en la inauguración de la Convención Constituyente de 1940 en el Capitolio Nacional.

        Allí, en plena sesión solemne, rivalidades políticas provocaron un violento tumulto que parecía incontrolable. Algunos pensaron que se venía abajo la Constituyente justo al despegar.

        Fue entonces que el convencional y tribuno, José Manuel Cortina, interrumpe su discurso inaugural y lanza un grito que retumbó en el Capitolio y dominó las pasiones desbordadas: ¡LOS PARTIDOS, FUERA!  ¡LA PATRIA, DENTRO! Esa debería ser nuestra consigna ahora para ponerle fin a las pugnas estériles que nos enervan y dividen.

Hoy, más que nunca, el exilio debe intensificar su ayuda a la oposición en Cuba con todos los recursos y estímulos disponibles, incluyendo la tecnología para perforar la muralla de la censura castrista y lograr una mayor participación de la ciudadanía en la resistencia cívica. Tarea difícil, pero no imposible. 

Recordemos que el Movimiento de Solidaridad en Polonia surgió con unos pocos astilleros en el puerto de Gdansk demandando reformas laborales. Al crecer con el tiempo y ganar fuerza en todo el país, el régimen comunista de Jaruzelski trató de aplastarlo con los tanques, pero no pudo.

         Salvó a Solidaridad no sólo la valentía de Lech Walesa y otros dirigentes, sino también el respaldo crítico del Presidente Reagan y el 
Papa Juan Pablo II—respaldo a los que luchaban por la libertad y no a sus opresores. Reagan mantuvo las presiones económicas, políticas y armamentistas a la Unión Soviética y a los países satélites hasta que éstos comenzaron a desmantelar el aparato totalitario, y no antes.

Invocando esos antecedentes, deberíamos reiterar ahora nuestro categórico planteamiento al Congreso de los Estados Unidos: ¡no levantar el embargo externo al régimen de Castro sin que éste levante el embargo interno al pueblo cubano!

No estamos solos en ese empeño. Contamos con el apoyo de nuestros gallardos legisladores cubano-americanos, quienes se oponen enérgicamente a que la administración del Presidente Obama fortalezca al régimen quebrado con divisas turísticas, capital privado y créditos bancarios. Eso hay que evitarlo a como de lugar, manteniéndonos firmes en el principio de que LA LIBERTAD DE CUBA NO ES NEGOCIABLE.

         Consecuentes con nuestra prédica, no debe el exilio legitimar ni subsidiar a la tiranía con viajes turísticos a la isla esclavizada. Que cada cual siga los dictados de su conciencia, pero sin olvidar lo que sentenció el apóstol de nuestra independencia: “Visitar la casa del opresor es sancionar la opresión…Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se los conculcan, es enemigo de su pueblo”.

Hay otro frente importante en nuestra lucha que no debemos soslayar: el frente de la Iglesia Católica. Nosotros, los feligreses, somos parte de ese cuerpo físico y espiritual, y tenemos el derecho y el deber de expresar nuestras opiniones en todo lo que concierne a la posición de la Iglesia con respecto a nuestra patria. Habiendo actualmente más católicos cubanos practicantes en la Florida que en toda Cuba, nuestras opiniones tendrían más peso si actuásemos coordinadamente. 

En vísperas del viaje a Cuba del Papa Francisco, deberíamos a mi juicio dirigirle, con todo respeto, tres mensajes urgentes:

Primero, si Su Santidad piensa abogar por la reconciliación en Cuba, insista en la libertad, porque reconciliación sin libertad sólo beneficia a los tiranos impenitentes que sojuzgan al pueblo cubano.

         Segundo, reúnase con los líderes de la oposición en Cuba, y bendiga sus esfuerzos, porque ellos representan los ideales democráticos y cristianos de nuestra patria secuestrada.

Tercero, acepte la renuncia del Cardenal Ortega, y designe a un sustituto que dignifique a la Iglesia, proclamando y defendiendo los derechos humanos que emanan de Dios.

Cualquiera que sea el rumbo que tome ahora la Iglesia en Cuba, cerremos filas y sigamos el consejo que el Papa Juan Pablo II le dio a los cubanos durante su visita a la isla. Dijo el Santo Padre: “Sean valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza”.

         ¡Así seguiremos luchando nosotros sin cesar hasta que Cuba sea de nuevo libre y soberana! 
 

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