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LAS MANOS QUE ESTRECHARÁ EL PAPA

Imágenes tomadas de Internet

Lcdo. Sergio Ramos / San Juan, Puerto Rico / Septiembre 12, 2015


El Papa Francisco I visitará en breve a Cuba, y las fuentes del Vaticano anunciaron que se reunirá con el tirano mayor Fidel Castro y, obviamente, hará lo propio con el dictador general Raúl Castro, amén de otras reuniones protocolares plagadas de diálogos y apretones de manos.

El régimen de los hermanos Castro, por su parte ha liberado 3,255 presos comunes. Ninguno de ellos son políticos o de conciencia. Lo cual, tomando en consideración las paupérrimas condiciones de las cárceles cubanas y los maltratos a los presos que allí se propinan, nos parece bien. Pero, dejemos claro, que tales liberalidades no son producto de la bondad; sino, parte de los intercambios para el espectáculo.

Indudablemente, el Santo Padre apretará la mano de Fidel Castro. Las mismas manos de donde emanaron miles de órdenes para asesinar, fusilar, torturar, encarcelar, reprimir, expatriar, expropiar y robar a millares de cubanos por el solo hecho de pensar diferente o porque su presencia le representaba un potencial contendiente político. Son manos manchadas de sangre, que han causado por más de cinco décadas, y todavía causan, un profundo dolor y esclavitud a todo un pueblo.

También estrechará las manos del tirano incumbente Raúl Castro, las cuales, al igual que su hermano mayor, firmaron órdenes de fusilar, matar, martirizar, arrestar, oprimir, hurtar, golpear y desterrar a muchos miles de cubanos por espacio de más de cincuenta años y actualmente lo sigue haciendo sin el menor escrúpulo.

Dudamos mucho que el Papa ignore todos estos crímenes de lesa humanidad cometidos por los hermanos Castro y sus secuaces. Voy más allá, afirmo, lo sabe; porque si hay un lugar bien informado de lo que acontece en el mundo es El Vaticano.

El Santo Padre sabe que por orden de estos dictadores se asesinaron a hombres, mujeres, anciano y niños frente a las costas de La Habana. Él está informado de las torturas en las cárceles y del presidio político. Él sabe, que miles de cubanos fueron encarcelados por expresar sus opiniones distintas al régimen o simplemente por asistir a oír Misa en una iglesia. Él sabe cómo se cerraron las iglesias y cómo se expulsaron a sus sacerdotes y hasta los encarcelaron. Él conoce cómo un pueblo descontento con el régimen fue forzado a abandonar su patria en frágiles balsas, convirtiendo el fondo del Estrecho de la Florida en el mayor cementerio que tiene Cuba.

Él conoce cómo se les robó, y se les sigue robando, el fruto del sudor de la frente a los trabajadores cubanos y cómo son explotados por el régimen castrista en una singular trata de esclavos del siglo XXI a cambio de jugosas divisas para la alta cúpula gobernante.
 
Él sabe muy bien cómo todavía hoy, se les sigue golpeando a las Damas de Blanco y a quienes las acompañan en solidaridad, cada domingo al salir de Misa y desfilar vestidas de blanco y con una flor demandando libertad y respeto a los derechos humanos del pueblo cubano.

Él sabe que todavía en Cuba hay persecución religiosa; pues, justo el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, cientos de opositores en Santiago de Cuba fueron detenidos y golpeados cuando se dirigían al Santuario de la Patrona de Cuba.

El Papa lo sabe, no lo sufre. Lo conoce, pero no lo siente; porque es un dolor indescriptible el del cubano, difícil de interiorizar cuando el látigo del oprobio no ha golpeado en su espalda y en su corazón.

La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿Irá el Santo Padre a Cuba, cómo pastor religioso o cómo mandatario de Estado? ¿Cuál de los dos roles prevalecerá, el de la fría y calculadora diplomacia como jefe de estado, procurando salvaguardar los intereses del Vaticano o el de la piedad del hombre religioso, decidido a exigir a un tirano el respeto a los derechos humanos y las libertades de un pueblo oprimido? ¿Qué persigue el Papa, preservar sus templos y un espacio para su clero o solidarizarse con el reclamo de libertad y justicia de todo un pueblo?

¿Y con la oposición, se reunirá con ellos? ¿Escuchará sus justas demandas? Y si lo hace, ¿Lo hará para adherirse a sus justos reclamos de libertad o simplemente por aquello de hacer un mero gesto propio de lo que Mario Vargas Llosa llamaría La civilización del espectáculo?

Quedamos, pues, al tanto de los acontecimientos durante su visita a Cuba y conscientes de que “por sus obras lo conoceréis”.




1 comentario: Leave Your Comments

  1. El dar la mano entre personas en estos tiempos es como tirarse un PEO. Cuando se dan las manos hay que cuales estan mas sucias.cuando se tiran un peo hay que oler para saber el que se lo tiro con mas peste. Las dos formas son sangrientas entre poderosos y apestosas entre poderosos tambien. Vaya a oler los peos de los tiranos Castros y los del Papa y se daran cuenta que la peste es la misma. Y las manos estan sucias de cualquier materia sangrientas y fecales. Dios los perdonen y el diablo le pase la cuenta a los pecadores.

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