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El dilema moral de la Ley de Ajuste

Imagen tomada de Internet


Alexis Jardines / el Nuevo Herald / Octubre 28, 2015


Nadie quiere tocar la Ley de Ajuste. Para el gobierno cubano es su arma estratégica contra la presión popular y la articulación de una oposición política, así como su paliativo contra la incapacidad comunista de producir riqueza. Tras el 17 D se le aparece, además, como la vía expedita para conquistar Miami, aniquilar el exilio, establecer los negocios de la marca Castro & Co. y sembrar espías en territorio estadounidense. Nadie se beneficia más de esta ley que los hermanos Castro.

Para los políticos cubanoamericanos tocar esta ley representa una pérdida cuantiosa de capital político. Se trata de no perder los votos de todos aquellos que piensan que eliminar la Ley de Ajuste es un crimen de lesa Humanidad.

Nadie se perjudica más con esta ley que los únicos a quienes les corresponde el legítimo derecho de hacer uso de ella: la oposición interna del régimen cubano. ¡Vaya paradoja! La oposición no crece, no se puede nutrir de los inconformes porque todos se van. Y aunque abandonar el país es un legítimo derecho de cada cual, siempre hay opciones para encontrar una mínima justificación moral de las decisiones que se toman.

Algo se puede hacer en Cuba por la libertad y la democracia antes de abandonar el país y, una vez exiliado, algo se puede hacer también en Miami. De modo que siempre hay maneras de evitar un conflicto moral con la Ley de Ajuste y quien quiere beneficiarse de ella alegando descaradamente –una vez que toca suelo norteamericano– que le parecen bien los “cambios” que está haciendo Raúl Castro en la Isla y que no tiene problemas con el gobierno, debería pensar mejor lo que dice.

El acuerdo migratorio de 1994 fue una garantía de estabilidad para el régimen en la década más difícil que atravesó el poder revolucionario, llamada eufemísticamente Período Especial. A partir de entonces, la combinación de la Ley de Ajuste con las 20,000 visas anuales serían las herramientas más eficaces de la dictadura para canalizar el desencanto popular de modo que este no condujera a la desestabilización interna.

El uso y abuso de la emigración también le ha servido a Fidel y a Raúl para dividir el exilio y hoy se prestan a aniquilarlo, a conquistar Miami tras el trabajo de neutralización de las huestes de “los que no se meten en política”.


             

El régimen de Castro ha manipulado el Acuerdo de 1994 al crear un sistema de viajes de ida y vuelta a la Isla para decenas de miles de cubanos no-refugiados que, sin embargo, ajustan su estatus bajo la Ley de Ajuste. Mientras tanto, sigue negando el derecho de retorno a los que han huido por razones políticas, manteniendo sus nombres en una infame “lista negra”. (Mauricio Claver-Carone)

Este es el meollo del conflicto moral. Quienes todavía defienden la Ley de Ajuste en Miami (yo lo hice apasionadamente hasta el 17 de diciembre del 2014) califican en dos bandos: los que se dedican a la ostentación, trasiego y especuladera (que no es lo mismo que especulación) de orilla a orilla y los que lo hacen por vocación humanitaria, por solidaridad con el socio que está en Cuba, la lealtad filial, etc. Sin embargo, en el nuevo escenario político ni unos ni otros tienen razón. Pero tampoco la tienen los políticos cubanoamericanos cuando intentan complacer a sus electores mediante paños tibios y remiendos de la Ley.

Cualquier tipo de enmienda en la Ley de Ajuste solo beneficiará a la dictadura. ¿Cuál es la diferencia cuando el emigrante regresa al cabo de un año o al cabo de cinco? La Ley de Ajuste es contraproducente no a causa de las “mulas” (los que se dedican a llevar y traer paquetes de la isla como negocio), sino porque genera delito (tráfico humano, matrimonios ilegales, crímenes de sangre) y pone en riesgo la seguridad nacional justo porque todo el aparato castrista, técnicamente, puede hacerse ciudadano estadounidense y establecer negocios en territorio norteamericano.

Desarticulemos, pues, el argumento de la última ficha del tablero que nos queda por analizar: el presidente Barack Obama, quien no parece tener la intención de revisar el asunto de la Ley de Ajuste y del acuerdo migratorio con Cuba. Supuestamente, Obama le teme a la emigración masiva descontrolada. Sin embargo, tal temor es infundado desde el momento en que el gobierno cubano autorizó a viajar libre y legalmente a sus ciudadanos.

Lo que se silencia aquí es que es precisamente la existencia de la Ley de Ajuste lo que estimula la avalancha de salidas –tanto legales como ilegales– las cuales se han multiplicado exponencialmente justo tras el 17 D.

Así es que tampoco Obama está a salvo del conflicto, ya que es una franca contradicción y moralmente insostenible mantener la Ley de Ajuste tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba.

En suma, se puede defender la Ley de Ajuste pero no el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la dictadura. De igual modo, si se opta por apoyar el restablecimiento de relaciones con los Castro, no se puede pretender conservar la Ley de Ajuste. Otra cosa sería inmoral, cínica y contradictoria. Usted decide.

Académico Distinguido en Instituto de Investigaciones Cubanas, en FIU




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