Novedades:
Cargando...

Cómo Cuba fabrica una crisis migratoria

Miles de cubanos que salieron por aire vía Ecuador, están ahora varados en Costa Rica tras la negativa de Nicaragua a dejarlos entrar al país para que sigan su travesía hacia Estados Unidos. Esteban Felix / AP 




MARIA C. WERLAU
/ el Nuevo Herald / Diciembre 15, 2015



Cuba saca provecho de miles de migrantes cubanos varados en Centroamérica para vender la falsa idea de que la avalancha humana sólo se frena eliminando el embargo de Estados Unidos.
La confabulación de sus aliados Ecuador y Nicaragua y diversos esfuerzos para aumentar el perfil público de la crisis sugieren hábil coordinación. Por su parte, la Casa Blanca ha permitido la entrada con escaso filtro a una ola humana gigantesca, pasando por alto serias implicaciones. Aun restablecidas las relaciones diplomáticas, continúa aseverando que la política de inmigración hacia Cuba no cambiará. Del 2008 al 2013, 223,518 cubanos obtuvieron residencia permanente en Estados Unidos; desde entonces la cuenta ha crecido exponencialmente. Sólo este año, han llegado al menos 75,000.
Los enormes flujos de dinero de la creciente diáspora hacia Cuba financian el tráfico humano detrás del éxodo y permiten a su dictadura militar evitar reformas estructurales y seguir reprimiendo. En los Estados Unidos, se drenan millones en fondos federales con inusitados abusos. La entrada descontrolada también constituye un caballo de Troya de influencia y penetración para numerosos agentes y criminales —muchos regresan a Cuba huyendo a la justicia americana con el botín de fechorías que suman miles de millones de dólares.
Los objetivos de la fabricada crisis se hacen evidentes. Ante todo, se busca explotar tanto el sentir humanitario como el rechazo a la inmigración para dirigir ambos contra el embargo. Se repite que los cubanos emigran por razones económicas, exacerbadas por el embargo, dirigiéndose a Estados Unidos por existir la Ley de Ajuste Cubano. En realidad, dicha ley de 1966 sólo otorga al Fiscal General discreción para conceder residencia permanente a los cubanos un año después de haber sido admitidos al país por el Servicio de Inmigración. Este se guía por directrices excepcionalmente laxas a pesar de que la mayoría no son perseguidos y aun después de Cuba retirar las prohibiciones de viaje en el 2013.
Aunque la Ley de Ajuste no impone la admisión de los cubanos y no está vinculada a la Ley Helms Burton —lo que queda del embargo—, se esgrime una lógica distorsionada de que ambas “reliquias” deben abrogarse para detener el flujo migratorio. El blanco principal lo constituyen los republicanos más contrarios a la inmigración, bloque de apoyo congresional al embargo; serán además acusados de oponerse a la entrada de cubanos por politiquería, ya que la mayoría apoya al Partido Demócrata.
La campaña de desinformación tiene otros objetivos. El programa para dar visa a los profesionales cubanos explotados en terceros países —que generan al régimen cubano cientos de millones anuales— se vincula al problema migratorio; además se le atribuye, falsamente, la crisis de salud pública en Cuba. Se acusa a Radio y TV Martí, que penetran el muro de información en Cuba, de sembrar miedos que promueven el éxodo. Los exiliados cubanos que solidariamente apoyan la entrada de los migrantes ya en camino serán vilipendiados por defender de facto privilegios que son exclusivos y comprometen la seguridad nacional. Finalmente, se distrae la atención sobre los graves problemas en Cuba para consolidar la legitimidad internacional que el régimen extrae de la normalización con Estados Unidos.
Cuba calcula que, habiendo ya exportado a suficientes cubanos que le garantizan miles de millones anuales, eliminar el embargo y evitar más fugas de médicos esclavos será más rentable; además debe mitigar una bomba de tiempo demográfica.
Ante este cuadro, Estados Unidos debe insistir en la inmigración segura, ordenada y legal, y en que los países que han recibido a los migrantes les den un trato humano y acorde a las leyes internacionales. Debe suspender la admisión automática de cubanos para: 1) proteger la vida y seguridad de las personas; 2) prevenir la ilegalidad y el tráfico humano; y 3) resguardar la seguridad nacional. De manera bipartidista, debe revisarse la política de inmigración hacia Cuba para asegurar que refleje nuestros valores y salvaguarde la seguridad nacional y regional.
El tema del embargo es otro y merece analizarse con información veraz y objetividad.

Consultora y directora del proyecto sin fines de lucro Free Society Project/Cuba Archive. Las opiniones expresadas son personales. 

0 comentarios:

Publicar un comentario