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La represión que nadie escucha

Imagen tomada de Internet

Martha Beatriz Roque / Martí Noticias / Noviembre 2015 

La represión política en Cuba está institucionalizada, ha contenido y castigado las actuaciones de los disidentes, negándoles e impidiéndoles el ejercicio de sus derechos y libertades.


El régimen ha sido siempre tan represivo que se ha convertido en un hábito que casi pasa sin llamar la atención. La represión política en Cuba está institucionalizada, ha contenido y castigado las actuaciones de los disidentes, negándoles e impidiéndoles el ejercicio de los derechos y libertades, tanto de expresión como de reunión, manifestación y asociación.
También ha acompañado estos actos con violencia, sin importar que sea contra hombres o mujeres, jóvenes o personas de la tercera edad. Se las ha agenciado para que la fuerza del ejemplo de quienes sufren este tipo de hostigamiento, traslade temor al resto de la sociedad y se censure a sí misma en el ejercicio de las libertades. De esta forma para los que se atreven a expresar sus criterios y para los que no, quedan anuladas las prerrogativas de practicar cualquiera de estas acciones; excepto para los que están en el poder y para aquellos en cuyo beneficio se realiza la represión.
Los tribunales establecen jurisprudencia en la represión, y los que se oponen pueden ser reos de cualquier delito, en la mayoría de los casos inventado por los oficiales de la policía política. Las Brigadas de Respuestas Rápida, que se pueden ver como una organización paramilitar, son de igual forma un instrumento represivo, que puede ser activado, sin ninguna dificultad, dado el control que tienen las fuerzas de la Seguridad del Estado sobre la población y en particular de aquellos que han cometido delitos.
A pesar de las conversaciones con la Unión Europea y del restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos de América, el tema de los derechos humanos sigue sin tener solución, no se ha suavizado para nada la acción represora, y las actividades de oposición a la dictadura no han dejado de producir detenciones, palizas, torturas sicológicas, condenas de cárcel y exclusiones de la vida pública que podían considerarse como muertes civiles.
La memoria histórica cuenta por miles los presos que han pasado por las mazmorras castristas, los actos de repudio, las golpizas, las difamaciones y las mentiras que ha dicho el régimen con respecto a los juicios y a las detenciones.
Pero no se ha detenido la historia, todo sigue igual, o quizás peor. Prueba de ello son los números que muestra la campaña “Todos Marchamos” que comenzó en el mes de abril. No se trata de estar a favor o en contra de lo que están haciendo, puede considerarse una pérdida de tiempo por algunos y por otros el principio del fin; pero lo que no tiene lugar a dudas es que durante los 31 domingos que se ha llevado a cabo esta actividad opositora, la represión ha dejado un saldo alto de arrestos, prisiones, golpizas y la muestra del protagonismo de lo más vulgar de la sociedad cubana, participando con consignas, palabras obscenas y mucho odio en contra de los disidentes.
El 19 de abril pasado, comenzaron a tratarse de desarrollar estas marchas, sin contar los días dedicados a las madres y los padres, se han producido arrestos semanales que comenzaron a incrementarse. En un principio liberaban a los disidentes después de 6 ó 7 horas de arresto, pero la situación fue cambiando y en este momento algunos quedan sin regresar a sus casas hasta el día siguiente. Se pasó por la etapa de dejarlos tirados en cualquier punto lejos de sus domicilios, y en algunas ocasiones, no importaba que fuera mujer o hombre, los trasladan a lugares distantes, apartados, dejándolos allí a merced de alguien que los amparara; a algunos aún le aplican esta variante.
Los arrestos con brutalidad policial han ido en aumento. Como si fuera poco, atacan a los familiares de diversas formas, incluyendo la prisión, tratando de fracturar la voluntad política de los opositores.
Al convertirse en algo rutinario, ha dejado de ser noticia el número de disidentes que arrestan cada domingo, lo que deja al régimen a su libre albedrío, tal y como le gusta estar. Pero el incremento represivo sin límites podría cobrar la vida de cualquier opositor. Es necesario que esto se tenga en cuenta, porque, cuando alguno de los actuales “amigos” de la gerontocracia saca a colación el tema de los derechos humanos, los títeres interlocutores que representan a los que detentan el poder tienen siempre en la punta de la lengua una respuesta acusatoria, solo para revertir la situación y virar la atención hacia otro problema. Esa ha sido siempre la táctica.
La dictadura no quiere permitir ningún tipo de posibilidad que se movilicen las masas contra ella, y mucho menos que la oposición sea la punta de lanza que lo lleve a cabo. Por su parte, los que están al frente de esta campaña aseguran que no van a dejarla hasta que liberen a todos los presos políticos.


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