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Cuba: jerarquía y sucesión




ALEXIS JARDINES / el Nuevo Herald / Enero 31, 2016


Los pronósticos con respecto al futuro inmediato de Cuba se enfocan en quiénes mandan: ¿los militares o el Partido? ¿Será Díaz-Canel? ¿Será Alejandro Castro? En realidad, el poder se concentra en cinco personas, entre quienes están los dos hijos del gobernante Raúl Castro, Alejandro y Mariela Castro Espín, y el resto son sus más allegados y deudores, en posiciones clave en la vicepresidencia; al frente de un conglomerado de empresas que controla las ganancias del turismo, y las Fuerzas Armadas.

El poder más visible

Dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), como primer enclave, destacan algunos nombres:
Leopoldo Cintra Frías: general de cuerpo de ejército, ministro de las FAR, miembro del Buró Político y del Consejo de Estado.
Álvaro López Miera: general de cuerpo de ejército, viceministro primero de las FAR y jefe del Estado Mayor, miembro del Buró Político y del Consejo de Estado.
Carlos Fernández Gondín: general de división, ministro del Interior; Julio César Gandarilla: vicealmirante, viceministro primero del Ministerio del Interior.
Le siguen Lucio Morales Abad, jefe del ejército occidental; Onelio Aguilera Bermúdez, jefe del ejército oriental y; Raúl Rodríguez Lobaina, jefe del ejército central.
No son pocos los autores que consideran al ejército el verdadero núcleo del poder en Cuba. En opinión de Pedro Roig, investigador senior del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami, “el MINFAR es el que manda”.
Los altos mandos militares –nos dice– controlan el Buró Político [del Partido Comunista de Cuba] “que es, en la práctica, la máxima autoridad del Estado”. Al parecer, esta es la opinión más extendida entre los estudiosos del tema. Así, el periodista y economista Roberto Álvarez Quiñones, ex analista económico en el diario oficial Granma y en la Televisión Cubana, y en la actualidad analista económico para Telemundo, asegura que en la Isla “el poder supremo radica en las fuerzas armadas y no en el Estado, el gobierno y ni siquiera en el PCC”.
Esta dicotomía Ejército/Partido se inclina generalmente a favor de los militares. Caben las preguntas: ¿será suficiente el poder de la institución armada cuando hablamos en términos de sucesión? ¿Acaso se ignora que los militares tienen que rendir cuentas al Partido en su condición de militantes, pero no a la inversa?

La economía y GAESA

En las esferas económica y financiera destaca Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Ministros, ministro de economía y planificación, miembro del Buró Político y del Consejo de Estado. Sin embargo, en términos de poder real hay que dirigir la atención a Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, número uno del conglomerado GAESA (por sus siglas, Grupo de Administración Empresarial S.A), conglomerado de holdings que abarca cerca de 60 empresas, las cuales controlan más del 70 por ciento de la economía cubana. No se trata simplemente de un general de brigada, sino del ex yerno de Raúl Castro y padre de su nieto Raúl Guillermo.
Para que se tenga una idea del poder económico de GAESA repárese tan solo en el tema hotelero: “Un reciente ranking de la publicación Hotels sobre las 300 mayores compañías hoteleras del mundo –puede leerse en el portal Martinoticias– muestra que en 2014 Gaviota aparecía en el lugar 55 con 23,583 habitaciones. Pero si las habitaciones de Gaviota se combinaran con las de Cubanacán (también del grupo militar cubano y en el lugar 84 con 15,800), GAESA figuraría como la compañía número 34 del mundo con 39,383 habitaciones, justo debajo de The Walt Disney Company (39.751)”.
Súmese el hecho que GAESA absorbió recientemente a CIMEX (hasta ese momento patrimonio de Fidel Castro) y a Habaguanex, S.A (coto de caza de Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana). Como sucede con tantas otras cosas, no hay información disponible sobre GAESA hacia el interior de Cuba. La entidad no publica siquiera sus estados financieros.
Con respecto al ámbito parlamentario y sus órganos de poder parece primar la opinión que desestima no ya el presente, sino el futuro poder del Partido. Juan Juan Almeida, analista sobre temas cubanos e hijo del comandante Juan Almeida Bosque (fallecido en el 2009), considera que el experimento llevado a cabo en las nuevas provincias de Artemisa y Mayabeque avala la Nueva Ley Electoral. Esta propone “un nuevo modelo de funcionamiento en el que se encuentran separadas las direcciones del partido y los gobiernos locales. Aceptemos que este paso podría dinamitar el monopolio de poder que desde hace más de medio siglo ejerce el Partido Comunista, y facilitaría la elección de ciudadanos (no partidistas) al rango de diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular cubana”.
En teoría, la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) es el órgano supremo del poder del Estado, con potestad constituyente y legislativa. Es su prerrogativa elegir a los miembros de los órganos ejecutivos y judiciales al más alto nivel. En circunstancias especiales –que siempre pueden ser convocadas a voluntad– el presidente del Consejo de Estadocomandaría el otro órgano de poder de la ANPP, a saber: el Consejo de Defensa Nacional.
Dicho Consejo, según la Constitución, se prepara desde tiempo de paz “para dirigir el país en las condiciones de estado de guerra, durante la guerra, la movilización general o el estado de emergencia. Durante las situaciones excepcionales es el máximo órgano de poder estatal y político y ejerce la dirección de la preparación militar y la lucha armada; el orden interior y la seguridad; la política exterior; las actividades económicas y sociales; la actividad jurídica; la defensa civil; y el poder político”.

Un gobierno paralelo

Se presenta entonces una franca contradicción, ya que el presidente del Consejo de Estado tendría en condiciones excepcionales más poder que los militares y que el propio Partido. Sin embargo, de acuerdo con el artículo 5 de la propia Constitución de la República, el Partido está por encima de la Asamblea Nacional, de la sociedad toda y de la propia Constitución. El poder lo han detentado en Cuba de forma totalitaria y consecutivamente dos hombres. Una vez que se intenta la descentralización asoman las paradojas e incongruencias. Y es precisamente en la descentralización del poder donde Raúl Castro ha encontrado la fórmula para garantizar su tranquilidad posretiro y el éxito futuro de sus hijos.
El paso más visible en esta dirección ha sido la creación de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, la cual, en palabras de Juan Juan Almeida, “funciona como un gobierno paralelo”. Al frente de dicha Comisión situó Raúl a su hijo varón, Alejandro, mientras Mariela Castro Espín ya ocupa un escaño en la Asamblea Nacional. La costosa restauración del Capitolio y la salida de escena de Ricardo Alarcón de Quesada como presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular explican por sí mismas las intenciones de Raúl Castro con su hija.
Así describe Juan Juan Almeida esa comisión-de-poder-detrás-del-trono:
Este grupo ‘paraestatal’ de poderes ilimitados sin ordenamiento jurídico alguno, funciona como un gobierno paralelo y tiene, entre otras cosas, la facultad de: planificar, dirigir e inspeccionar los servicios de los Ministerios y los cuerpos de Seguridad del Estado; participar en las regulaciones y control de todas las entidades adscritas y vinculadas a los organismos centrales de la administración del Estado; ejercer y supervisar, bajo su responsabilidad, las funciones que el Presidente de la República le encomienda”.
Cuando se habla de poder en Cuba, tras la momificación en vida de Fidel Castro, se tiende a resaltar el papel de las instituciones (MINFAR, PCC, etc.) según el mito made in USA del “Raúl pragmático” (este es el rasgo que se destaca en todas las valoraciones de la personalidad del gobernante cubano fuera de Cuba) y se olvida que la vida de este individuo ha estado signada, desde la extraña desaparición de Camilo Cienfuegos, por la concentración de poder. Más cerca de la verdad se encuentra la percepción cubana del Raúl familiar.

El poder nace de La Rinconada

En entrevista con el Nuevo Herald, Juan Juan Almeida abordó el asunto del poder y la sucesión de modo testimonial: “El poder tiene un solo punto de donde emana: La Rinconada (lugar donde se ubica la residencia de Raúl Castro) y específicamente durante los almuerzos de los domingos. Desde ahí se dirige todo el país en lo que toca a la política interna y exterior. De ahí se trazan las tareas y se asignan los recursos y medios para cumplirlas. Estas tareas se planificarán después mediante un mapa, supervisado por alguien que estuvo presente en La Rinconada. Luego Raúl le da el visto bueno final. Hay un solo poder –concluye categóricamente Almeida– que es Castro Espín”.
Ante la pregunta sobre la cuota de poder que pudiera tener la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, Almeida, hijo de quien fuera el tercer hombre tras los Castro, expresó: “Esa Comisión es en realidad un gobierno paralelo. Tiene exactamente la misma estructura del antiguo Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe”.
No debe olvidarse que Alejandro Castro es, además, Jefe de Coordinación e Información de los Servicios de Inteligencia y Contrainteligencia de las FAR y del Ministerio del Interior. Si, como dice Álvarez Quiñones, durante décadas fue “el Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe el verdadero gobierno ejecutivo de la nación, por encima del Consejo de Ministros, el Estado, y del propio PCC”, hay que suponer que quien concentrará el poder de la Cuba postraulista será Alejandro Castro Espín. Pero ¡cuidado!, no está solo en esto.
“El otro grupo que sigue en términos de concentración de poder es GAESA, de Luis Alberto Rodríguez López-Callejas. Nadie más tiene poder en Cuba, solo ellos. Y todo ese poder descansa en el círculo de los allegados, familiares, hijos de allegados y amiguetes”, añade Álvarez Quiñones.
Raúl descentraliza el poder y, con ello, refuerza la influencia de sus dos hijos (en el MININT y en la Asamblea Nacional) junto a sus más allegados y deudores: López Miera (Minfar), Miguel Díaz-Canel (Presidencia) y López-Callejas (en el imprescindible mundo de las influencias, los recursos y las finanzas). Esta pentarquía es la semilla del poder postrevolucionario. La cercanía a Raúl, la edad, y la autoridad que concentran constituyen los tres elementos fundamentales tenidos en cuenta a la hora de señalar la matriz de este poder.

Pero ¿a manos de quién irá la dirección del Partido? Esa es la pregunta del millón. Cuando Raúl Castro asumió las riendas de la nación, en el 2006, dejó claro que el único heredero del Comandante en Jefe era el Partido. Tres años antes ya había hecho una confesión, la cual –más que ser una revelación– apuntaba a presagio: “El 90 por ciento de mi tiempo está dedicado al Partido Comunista de Cuba”. 

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