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Las contradicciones del raulismo

Imagen tomada de Internet


Alexis Jardines / El Nuevo Herald / Enero, 2016

El modelo socialista revolucionario ha llegado a su límite: no puede continuar como está, pero tampoco puede avanzar sin autodestruirse. Tras una década de supuesta actualización y un año de asistencia norteamericana no se ve cómo logrará –para expresarlo con una frase de Hegel– “salir de su estado de parálisis”.

De la situación política

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el enemigo histórico disminuye considerablemente el potencial de legitimación simbólica del castrismo. Sin embargo, lo más significativo en este punto es la contradicción que genera el mantenimiento del unipartidismo. El propio modelo totalitario de partido único se le aparece tan necesario al neocastrismo como entorpecedor. Cada paso que se dé en términos de derechos, libertades individuales y libre mercado representa una pérdida de poder del aparato partidista, pero si no se arriesga algo en esta dirección podría ser peor. Y si bien es cierto que al cubano de a pie no le interesa ni gobierno, ni disidencia ni las relaciones con Estados Unidos, los opositores debían dejar el trabajo de mesa y unir esfuerzos para convencer a cada cubano, in situ, de la necesidad de votar “no” al Partido único en la próxima consulta popular previa al VII Congreso.

De la situación ideológica

Aquí también asoma la contradicción: “A mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la revolución; fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionado el socialismo, no para destruirlo”, ha dicho categóricamente Raúl Castro. Todos sabemos, en cambio, que las únicas reformas posibles del socialismo cubano –y de todo socialismo– son aquellas capaces de reconducirlo por la vía capitalista, cosa que no cabe dentro del marxismo.

De la situación económica

La economía cubana no puede sostenerse con la doble moneda, pero tampoco el modelo raulista de socialismo puede salir adelante con ninguna variante de eliminación de la dualidad. Tal paradoja remite a una situación estacionaria. Eliminar la dualidad monetaria implica unas reformas estructurales del aparato productivo del país que no se pueden enmarcar dentro del modelo defendido por sus gobernantes. Sin embargo, donde más aflora la contradicción es en el tema del embargo. Está por ver que el desvencijado modelo socialista cubano aguante un levantamiento abrupto del embargo y mucho menos que pueda sostenerse si este último arrecia. Los dictadores cubanos le temen al embargo tanto por exceso como por defecto. El socialismo revolucionario no asimila la propiedad privada ni el enriquecimiento, por modesto que sea. En su intervención del 29 de diciembre pasado, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro expresó: “Debemos buscar soluciones aunque sean transitorias para evitar que unos cuantos pillos continúen enriqueciéndose. Es necesario tomar medidas en este sentido, aunque nos volvamos a equivocar”. Cualquier empresario sensato se lo pensaría dos veces antes de negociar con gente así.

De la situación comercial

El comercio cubano está orientado a la captación de divisas. La contradicción radica en que la parte que tiene el dinero es la que debe poner las condiciones, según la conocida máxima de “quien paga manda”. Los castristas, en cambio –que se creen capaces de neutralizar hasta las leyes de la naturaleza con el solo hecho de darle la espalda– han establecido su propia regla de juego, tipificada como párrafo 75 del capítulo I de los Lineamientos del VI Congreso del PCC: “Aplicar el principio de ‘quien decide no negocia’ en toda la actividad que desarrolle el país en el plano de las relaciones económicas internacionales”. Obviamente, lo que resulta de aquí es la imposibilidad misma de comerciar.

De la situación migratoria

La emigración es otra de las contradicciones del raulismo: beneficia al régimen en la misma medida que lo perjudica. La Ley de Ajuste le es imprescindible para el mantenimiento de la estabilidad interna, el flujo de cash hacia la Isla y la disolución del exilio, pero estimula la fuga de profesionales, cuya exportación es otra importante fuente de ingresos. Particularmente, el sector de la salud es el más sensible por los dividendos que reporta. Hay pues un conflicto de intereses aquí. Para resolverlo, aunque de modo transitorio, el gobierno cubano orquestó la reciente crisis migratoria en Costa Rica. Debe tenerse en cuenta que tanto a La Habana como a la administración Obama le conviene mantener la Ley de Ajuste. Los demócratas, particularmente, se benefician con decenas de miles de votos que los castristas pueden manipular también para crear presión. Recuerden a Fidel Castro en una fecha tan temprana como 1999: “De aplicar esta ley [de Ajuste] para toda América Latina y el Caribe hoy habrían muchos más ciudadanos latinoamericanos en EEUU que los nacidos en ese país”.

De la situación informativa

Pero, donde más agudas se tornan las contradicciones del raulismo es en el ámbito de la internet. Los Castro están obligados a fomentar la conectividad del país si quieren sacar adelante su modelo de socialismo. Al propio tiempo, el acceso a la información socava las bases del régimen. Esto explica que un gobierno sin dinero y con la más baja conexión a internet que se conozca rechace el acceso gratuito ofrecido por el gigante Google. Como en los casos anteriores, la conexión a internet es al socialismo cubano tan vital como nociva.

El factor tiempo

Por último, reparo en el factor temporal. Se trata de la tensión que genera la necesidad de alcanzar un punto de no retorno en un tiempo récord. Raúl la ha expresado con su conocida máxima “sin pausa pero sin prisa”. El modelo socialista que se vienen inventando necesita consolidarse no mañana, pero tal consolidación parece no caber en el presente. En este sentido, el mandato de Barack Obama debe ser aprovechado al máximo. Veamos qué dice al respecto Rafael Hernández, conocido ideólogo del raulismo:
“Estamos jugando un juego de ajedrez que tiene un reloj y tenemos que hace r, como en el ajedrez, 41 jugadas antes de que pase un determinado tiempo. El tiempo son los meses que quedan de esta Administración estadounidense. […] Hay que jugar esta partida por lo menos para llegar a la jugada 41, que significa que el juego está avanzado lo suficiente para, si se produjera cambio de Administración desfavorable, el juego sea difícil de hacer regresar”.
El socialismo, de matriz totalitaria, no es reformable. Lo que cabe esperar de la actualización es la acentuación de un tipo mafioso de gobierno con escasa apertura en lo político. Una tendenciosa redefinición del socialismo criollo –con guiños promiscuos al marxismo postmoderno y aderezos del otrora condenado marxismo occidental– justificará el maridaje con el capitalismo mundial y las correspondientes enmiendas constitucionales. ¡Qué novedad!

Académico Distinguido en Instituto de Investigaciones Cubanas, en FIU




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