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Muertes y saqueos, ¿culpa de Irma?

Augusto César San Martín / Cubanet / Septiembre 12, 2017 

Para los habaneros, la fase de alerta ciclónica llegó tarde 

LA HABANA, Cuba.- “Y eso que solo fueron vientos tropicales”, repiten una y otra vez los habaneros, mientras comparten sus miradas de asombro por los destrozos que dejó Irma.


En las coberturas de CubaNet antes del paso del huracán por la capital, se advirtió el exceso de confianza de las autoridades y la población, en cuanto a los efectos devastadores de vientos de más de 200 Km/h. El sábado al mediodía, la fase informativa mantuvo a los capitalinos desprovistos de la alarma que les debió el gobierno.

“Mi casa no se va a inundar, el huracán se va para la Florida”, dijo a CubaNet una de las entrevistadas residentes en la zona litoral de La Habana Vieja.

Mientras Mariño, vecino de B y 4, Vedado, advirtió: “No hay presencia de las autoridades como otras veces, tomando medidas (…) Vamos a esperar que el ciclón entre por Oriente”.

Para los residentes en La Habana, la fase de alerta ciclónica llegó tarde. Toneladas de escombros y desechos sólidos fueron dejados en las calles para recibir al potencial huracán. La poda de árboles fue dejada peligrosamente a la suerte de los vientos de Irma, y las viejas demoliciones pendientes por años dejaron un saldo de cuatro muertos.

La nota informativa del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil informó de 7 muertos en La Habana, “ocasionados por el impacto del huracán Irma”. CubaNet entrevistó a los vecinos del edifico ubicado en Animas No. 774, Centro Habana, donde fallecieron los hermanos Roydis y Walfrido Valdés Pérez.

El testimonio de los vecinos resulta contrastante con el parte oficial. El “derrumbe parcial de una cubierta del edificio donde residía”. No es tan simple como se informa. 
   


Según declaraciones de un residente en el edificio (protegemos su nombre por temor a represalias), la pared que causó la muerte de los hermanos fue dejada, hace meses, por una brigada de demolición que no culminó el trabajo.

“Este edificio lleva más de 15 años declarado en peligro de derrumbe (…) Estamos cansados de reportar a las autoridades el peligro de esas paredes, finalmente sucedió”.

La misma nota oficial lleva implícita el peligro que corrieron los residentes en la capital en la madrugada del domingo. Durante un evento climatológico de esta índole es lógico que, en una ciudad en peligro de derrumbe, cinco de los fallecidos hayan sido aplastados por derrumbes.

Los regalos que Irma dejó al pueblo

Cuentan los residentes del litoral habanero que cuando La Habana se sumió en el apagón y los vientos de Irma hacían sus estragos, aparecieron los buscadores de botines.

Las instalaciones de gastronomía y comercio establecidas a lo largo del Malecón quedaron inundadas, expulsando, mediante el agua, neveras y artículos desde sus almacenes.

“Yo no robé nada, las cosas estaban flotando”, dijo a CubaNet Alberto, un joven de unos 17 años que, acompañado por tres vecinos, buscaba lo que apareciera, sillas, paquetes de pollo, refrescos, botellas de ron o cerveza.

Los restaurantes “La Abadía”, “Café Nerurda” y la tienda “Vista al Mar”, rifaron sus productos a quienes desafiaron los peligros de los vientos y las inundaciones. Otros negocios particulares en la zona del Vedado fueron saqueados, dejando a los cuentapropistas sin aliento.

La culpa de los Servicios Comunales

La población culpa a los Servicios Comunales de las inundaciones. En la zona baja del litoral norte del municipio Habana Vieja, Centro Habana, Plaza y Playa, los residentes se han quejado de que no existió saneamiento antes del paso del huracán.

Si bien atentó la falta de atención a la alerta, antes del paso de Irma, La Habana se empeñó en estar más sucia que de costumbre. Toneladas de escombros y desechos sólidos formaron parte de un ambiente negligente.

En uno de los reportajes de CubaNet salió a flote el descanso primaveral de los servicios comunales en las zonas bajas del Vedado. Pero en un país donde todo se decide “desde arriba”, los limpiadores de calles no deberían ser los principales culpables.

Los mismos que emitieron la nota informativa deberían explicar por qué el gobierno habanero no ordenó las medidas de saneamiento de las calles. Es lo razonable ante el embate de un huracán.

Las historias de Irma a su paso por La Habana no culminan con este reportaje. A cada minuto surgen anécdotas, que arrastran la culpa hacia la cúspide gubernamental. Como la de Adela, residente en Crespo # 63, Habana Vieja, negada a evacuarse. En el 2005 fue evacuada debido a una inundación provocada por un fenómeno similar. Cuando regreso a su casa lo había perdido todo, y a pesar de las promesas gubernamentales, nunca le repusieron nada.

Historias de pueblo que deberían avergonzar a la miembro del Buró Político, vicepresidenta del Consejo de Estado y presidenta del Consejo de Defensa Provincial de La Habana (CDP), Mercedes López Acea, quien aseguró a la prensa oficial: “Se iniciaron labores de higienización, poda de árboles, recogida de desechos y escombros, limpieza de sótanos, entre otras tareas, en las cuales participan empresas constructoras y de la agricultura, servicios comunales, recursos hidráulicos y unidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias”.

La invito a pasar por la avenida Carlos III, una de las más céntricas del país, para que constate que, después de 24 horas del paso del huracán, los vecinos debieron podar los árboles caídos que aún se mantienen en la avenida. O a pasar por las zonas bajas del Vedado donde los vecinos entrevistados repiten una y otra vez que sus advertencias sobre la falta de acción del gobierno culminaron en pérdidas humanas y materiales.

Augusto Cesar San Martin. Nació el 20 de abril de 1967 en Ciudad de La Habana. Fue captado por el Ministerio del Interior y estudió Ciencias Penales en el Instituto Hermanos Martínez, en el que se graduó. Por discrepancias con los militares, pidió la baja permanente de ese organismo, solicitud que le fue denegada durante un año. En ese tiempo estableció contacto con los opositores pacíficos y fue encarcelado en 1994. Lo declararon preso de conciencia en 1996, y a su salida de la cárcel colaboró con la agencia Cuba Press de 1997 a 1999. En el año 2006 fundó el Centro de Información José Lezama Lima.


 

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